Opinión | En el barro
Mónica Oltra
No sé si Oltra es necesaria. Tengo muchas dudas de que responder con propuestas extremas a este clima viciado sea la mejor actitud. Pero creo que reflexiones políticas como las que Oltra exhibió el otro día son urgentes. Por lo que representan de abrir ventanas y dejar que corra un viento distinto

Mónica Oltra, en el congreso de Iniciativa, hace una semana. / Kai Forsterling / Efe
Son tiempos en que vivir es estar en una serie. Los cánticos racistas contra los musulmanes de miles de personas en un estadio de fútbol de Barcelona no sé si son reales o son de Salvador, una de las últimas series que empecé a ver. No la acabé. Parecía demasiado real con todos esos ultras bárbaros persiguiendo a los “moros” del equipo contrario, toda esa distorsión de la realidad a través de las noticias y los reels y todo ese mundo donde no hay buenos.
La distopía era esto. Esto que nos acorrala. Y utopía contra la distopía es el mensaje con el que Mónica Oltra ha vuelto a la arena pública, como una baronesa noir. El silencio le ha venido bien para leer este tiempo.
Nunca he formado parte del club de admiradores fieles de Oltra. Ni antes, ni durante ni después del Botánic. He respetado y valorado su olfato político, su visión estratégica, su sagacidad liderando una minoría y los resultados obtenidos frente a un bipartidismo que estaba congelando a la sociedad valenciana. Pero también me ha parecido evidente que la gestión pública se le atragantó, que no formó los mejores equipos a su alrededor para un funcionamiento eficaz y solvente, y que llegó un momento en que el liderazgo le pesaba más que le favorecía. Confieso además que me cuesta digerir que todo aquello de apartar a los imputados no sirva cuando la justicia cae sobre uno mismo. Es verdad que son muchos años de proceso, que el juzgado ha ido apartándola de los abusos de su exmarido y que entonces siempre aparece un último giro que lo alarga todo todavía más y que esa es la condena real que se busca. Es así, como ella dice, pero la justicia es así también para todos. Confieso que el asunto me cuesta de asimilar con los ojos del sentido común.
Pero entonces veo y escucho el discurso de hace una semana, con el que presentó sus cartas de regreso, y entiendo la necesidad de alguien capaz de ofrecer una mirada distinta frente a estos tiempos de distopía.

Oltra, en el congreso de Iniciativa. / Germán Caballero
No fue un mensaje preparado hasta el último detalle y leído en un plasma. Lo llevaba en unas notas apuntadas a boli en una libreta, consciente de que la credibilidad crece cuando el político se enfrenta solo con sus ideas ante el auditorio.
El odio se ha impuesto y cada día de silencio en la cueva es una victoria del nuevo fascismo. Así enmarcó su regreso. Y frente al odio, ideas, volver a las calles y aire puro, no más fanatismo. En esa dinámica vence el nuevo fascismo.
¿Se puede hablar hoy, en tiempos de tecnoligarcas más ricos que muchos países, de prohibir el exceso de riqueza?
Y llamó a la puerta del nuevo tiempo con una de esas ideas concretas con las que cree que la izquierda de hoy debe marcar agenda y no dejarse arrastrar por la que imponen los ultras. No está libre de radicalidad. Creo que el objetivo es ese: empezar a seducir con radicalidad desde el otro extremo. Su recorrido se antoja imposible, pero da que pensar, que es lo menos que se le puede pedir a una izquierda utópica. ¿Se puede hablar hoy, en tiempos de tecnoligarcas más ricos que muchos países, de prohibir el exceso de riqueza? Eso dice ella. Lo concreta: prohibir acumular más de cinco millones de euros, cinco casas y cinco coches. Redistribución de la riqueza para los tiempos de hoy, dice.
No sé si Oltra es necesaria en este momento. Tengo muchas dudas de que responder con propuestas extremas (y con dosis de populismo) a este clima viciado que se impone sea la mejor respuesta. Pero creo que, más allá de lo concreto, reflexiones políticas como las que Oltra exhibió el otro día son urgentes. Por lo que representan de abrir ventanas diferentes y dejar que corra un viento distinto.
No sé si ella es la persona. No sé si está en la Luna con el Artemis II. Pero su mensaje enseña una vía de rearme para los que ahora miran la política desde el sofá. Y desde esa tribuna apoltronada, como en una serie, contemplan cómo el laboratorio valenciano de la indecencia avanza. Y ven cómo esta semana en las Corts Vox ha sacado adelante con el apoyo del PP un paquete de propuestas para señalar más a los extranjeros sin papeles y apartarlos mientras no sea posible echarlos.
A veces, la serie se corta. A veces, especialmente en primavera, sales un día a la calle y escuchas más los mirlos que el ruido de los coches, y te alegras de estar aquí y piensas en la suerte de caer en esta parte del mundo, donde aún existe el silencio. Te dices que la vida te ha dado hostias, pero no más de las incluidas en el papel que firmas tácitamente al llegar. Y respiras en paz mirando la luz más hermosa del año. Eso, simplemente eso, la alegría de estar aquí. Eso, a veces, la vida.
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