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València

Cambio climático, vivienda y movilidad metropolitana. El momento de las grandes decisiones

Frente al creciente desorden global, es urgente establecer alianzas, acordar una hoja de ruta sobre algunas urgencias y ofrecer seguridades locales, hasta donde sea posible

Atasco en uno de los accesos a València

Atasco en uno de los accesos a València / Fernando Bustamante

Vivimos tiempos convulsos e inciertos. Percibimos como nunca la relación directa entre global y local. Comprobamos cómo las decisiones de un reducido grupo de perturbados, fanáticos, profetas, autoritarios, dictadores y déspotas, que han puesto en marcha una gigantesca y poderosa bola de demolición (metafórica o real), afecta directamente a nuestras vidas cotidianas, a nuestra renta disponible, a nuestro bienestar y no sabemos si a nuestro futuro inmediato. Nos invade una sensación de desconcierto, impotencia y, por qué no decirlo, temor por nuestra seguridad y la de los nuestros.

Frente al creciente desorden global, es urgente establecer alianzas, acordar una hoja de ruta sobre algunas urgencias y ofrecer seguridades locales, hasta donde sea posible. No podemos dejarnos llevar por el desánimo, la resignación o el sentimiento de impotencia. Al peso de los riesgos e incertidumbre globales no podemos añadirle inseguridad frente a los riesgos y desafíos locales. Hemos de ser capaces de movilizar todas nuestras capacidades, que son muchas, para ofrecer seguridad, bienestar y esperanza al mayor número posible de personas. Empezando por hacer todo lo que esté en nuestras manos para contribuir a mejorar las condiciones de vida en la escala local y regional. Contando con la fuerza de una ciudadanía empoderada, capaz de resistir, de exigir, de proponer, de cambiar las cosas. Con el conocimiento experto disponible. Con la voluntad y la capacidad de los poderes públicos para impulsar determinadas políticas que pueden mejorar mucho la vida de millones de personas y reducir la sensación de inseguridad e incertidumbre. Es la única forma de contrarrestar la tentación de que la nostalgia y los discursos antisistema acaben siendo el creciente sentimiento mayoritario, cada vez más transversal, de una ciudadanía que en amplios sectores se siente desamparada y percibe que aquellos que pueden hacer, no hacen lo suficiente.

Deberíamos haber asumido hace décadas que local no solo significa municipal. Significa también supramunicipal

Y situados en esta escala, conviene aclarar un concepto y advertir sobre tres grandes urgencias. En cuanto al concepto, deberíamos haber asumido hace décadas que local no solo significa municipal. Significa también supramunicipal, sobre todo en las grandes regiones urbanas, y ello implica la necesidad de abordar la solución de grandes problemas con una visión metropolitana. Porque muchos de nuestros problemas sin resolver solo tienen solución si se incorpora esa escala a la hora de pensar e impulsar políticas públicas y existe la voluntad de querer hacer de forma coordinada entre aquellos que pueden hacer.

Se ha avanzado mucho en la necesidad de incorporar esta visión metropolitana entre el mundo académico, agentes sociales y medios de comunicación. Pero mucho menos, aunque con notables excepciones, en la esfera estrictamente política (gobiernos y partidos), responsables en última instancia de incorporar esta escala en sus iniciativas de gobierno y de gobernanza. En la Región Urbana Integrada de València, que integra casi 80 municipios, se han iniciado los trabajos que van a permitir a la ciudadanía, a los agentes privados y a los poderes públicos, conocer mejor los procesos que ocurren en el conjunto de esa región urbana. Desde las bases físicas del riesgo de inundación, hasta la seguridad, pasando por la evolución de la población, dinámicas de los mercados de trabajo, usos del territorio y suelo dotacional disponible para vivienda, infraestructuras y movilidad, servicios-sociosanitarios, suministros críticos, ciclo integral del agua o la protección de l´Horta y la Albufera. También se van a poner a disposición pública unas bases para un Plan Director Metropolitano en diciembre de este mismo año. Con escenarios futuros, propuestas concretas y posibles opciones.

Pero hay tres urgencias que requieren atención prioritaria y anticipar iniciativas todo lo posible. La primera urgencia tiene que ver con las medidas que deben adoptarse para hacer frente a los efectos del cambio climático en un territorio tan vulnerable y expuesto, donde la geomorfología prevalece sobre la obra dura. Teniendo muy presente las enseñanzas que nos ha proporcionado el gran desastre de la dana. Conscientes de que estamos ante una nueva situación. Repensando muy bien las medidas de adaptación y mitigación a la vista de futuros desafíos y episodios cada vez más extremos y recurrentes. Huyendo de remedios parciales o aislados. No solo apostando por obras muy grandes. Valorando todas las opciones posibles. Explicando con claridad a la ciudadanía la situación, las actuaciones, los límites y los riesgos potenciales. Porque la urgencia no es incompatible con la coherencia, la visión de conjunto y el respeto al territorio. Y a la vista de algunas actuaciones previstas, da la impresión de que no se han adoptado con la necesaria mirada de región urbana y de respeto a la naturaleza.

La vivienda asequible es sin duda la urgencia extrema: el gran fracaso y la gran emergencia de la democracia española

La segunda es la vivienda asequible. Es sin duda la urgencia extrema. El gran fracaso y la gran emergencia de la democracia española. La cuestión central que funciona como elemento de bloqueo para amplios sectores de clases trabajadoras y parte de las clases medias, así como la principal fuente de malestar y resentimiento frente al sistema. Y no se está actuando con determinación ni valentía. Porque se necesita una gigantesca actuación a escala metropolitana que proporcione suelo dotacional público suficiente para construir decenas de miles de VPO a precio asequible, tanto de compra como de alquiler. Explorar todas las opciones posibles, incluida la expropiación de suelo, para promover vivienda asequible y vivienda pública. Revisar legislación sobre pisos turísticos. Reducir toda la tramitación que demora las actuaciones más allá de una década. Exprimir al máximo lo que establece el artículo 47 de la Constitución, en especial la llamada a los poderes públicos para impedir la especulación.

Y la tercera es la movilidad sostenible. En este caso tenemos un problema de escala, un gran problema de gobernanza y un gran problema de inversiones, en especial en ferrocarril. España tomó una decisión estratégica desde los años noventa del siglo XX: apostar por la alta velocidad en detrimento de la movilidad metropolitana. Los informes más solventes lo han puesto de manifiesto de forma reiterada. Esta decisión de Estado, finalmente se ha evidenciado inadecuada, ha supuesto un uso ineficiente de recursos públicos con casos de despilfarro muy estudiados, para acabar creando un enorme caos y malestar en las áreas metropolitanas, fruto de décadas de inversión muy insuficiente (en alguna década insignificante en el caso de València) y de incumplimientos reiterados. Es urgente un cambio profundo en la orientación de las inversiones para estas regiones urbanas para recuperar el gran retraso acumulado durante décadas. La política de Estado debe centrarse con urgencia en la movilidad metropolitana. En especial en la región urbana de València, donde ya se dispone además de un excelente Plan de Movilidad Metropolitana (PMoMe) con un gran diagnóstico y un plan de inversiones realista y posible, inseparable de la agenda metropolitana sobre vivienda asequible, que solo aguarda la decisión de impulsarlo desde el gobierno central y autonómico.

Ha llegado el momento de las grandes decisiones. Hemos de dejar de ser la anomalía europea. Todo ello solo tiene sentido y coherencia si se aborda desde la escala metropolitana, como ocurre en la gran mayoría de regiones europeas. Y además de forma coordinada entre administraciones. Si los agentes políticos, económicos y sociales se ponen de acuerdo en el qué, es decir, asumen que la realidad metropolitana es un hecho y un reto común, entones se podrá discutir sobre el cómo. Porque el cuándo no debería ser objeto de discusión. El cuándo es ahora. Los que pueden hacer deberían hacer ya. Trasladando la idea de que quieren hacer en serio y con un mínimo de sentido de Estado.

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