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El rumbo del turismo inteligente

La tecnología ayuda a ordenar la saturación, pero el verdadero reto sigue estando en la planificación del litoral y de los destinos

Imagen de archivo de turistas en la  Catedral de València.

Imagen de archivo de turistas en la Catedral de València.

La Comunitat Valenciana ha pasado el primer gran examen turístico del año con una contradicción de fondo. Mientras el sector mantiene su fortaleza y vuelve a confirmar su peso en la economía autonómica, buena parte del litoral sigue arrastrando daños, retrasos y actuaciones pendientes. Los 58 puntos negros identificados en la costa valenciana son la mejor prueba de esa fragilidad.

Tres meses después de los temporales de enero y del impacto de la borrasca Harry, hay playas que todavía no están preparadas en condiciones óptimas. Tavernes de la Valldigna es uno de los ejemplos más claros, pero no el único. Lo preocupante no es solo el efecto de un episodio meteorológico severo, sino que vuelve a quedar al descubierto un problema que se repite desde hace décadas, esa falta de actuaciones estructurales y la lentitud en las respuestas.

La Comunitat Valenciana ha hecho del turismo una de sus principales fortalezas. Es un sector decisivo para el empleo, para la actividad económica y para la proyección exterior del territorio. Pero precisamente por eso resulta más urgente corregir sus desequilibrios. La erosión de la costa, la presión sobre determinados espacios urbanos, la saturación en enclaves concretos, la tensión sobre la vivienda o la sobrecarga de servicios públicos de movilidad no son fenómenos ajenos al éxito turístico. Forman parte de sus efectos y exigen gestión en un contexto distinto. El cambio climático multiplica la intensidad de los temporales y agrava la regresión litoral. A ello se añade un escenario internacional incierto, con tensiones geopolíticas que pueden afectar a los costes y a la evolución de la demanda. Con ese panorama, no parece razonable seguir confiándolo todo a la inercia.

Tampoco ayuda plantear este debate en términos simplistas. Se trata de asumir que un sector estratégico debe estar mejor ordenado. Buena parte del malestar que se expresa en torno al turismo no nace de la actividad en sí, sino de sus excesos, de la sensación de saturación y de la percepción de que las administraciones llegan tarde o miran hacia otro lado.

Durante demasiado tiempo se ha puesto más atención en promover que en planificar. Más en sumar visitantes que en medir impactos. Más en celebrar récords que en preparar infraestructuras y fijar límites razonables allí donde sean necesarios. La Comunitat Valenciana necesita una política turística más coordinada con la ordenación del territorio, la vivienda, la movilidad y la protección ambiental.

La situación del litoral resume bien esa carencia. Alteraciones en la dinámica costera, obras pendientes, falta de sedimentos y respuestas parciales han dejado muchos tramos en una situación de vulnerabilidad conocida. Cada nuevo temporal no hace más que confirmar que no se trata de una excepción, sino de un problema de fondo.

En ese marco, la llamada inteligencia turística puede ser una herramienta útil. La tecnología permite conocer mejor los flujos de visitantes, anticipar saturaciones, mejorar la gestión de los servicios y repartir de forma más equilibrada la presión sobre el territorio. Bien utilizada, puede ayudar a compatibilizar la actividad económica con la calidad de vida de los residentes y con una protección más eficaz de los espacios más frágiles.

Pero la tecnología no reemplaza las inversiones pendientes, ni resuelve por sí sola la erosión del litoral, ni corrige la falta de planificación. Puede mejorar la gestión, pero no puede tapar las carencias estructurales. Por eso, el debate real no es si el turismo debe seguir creciendo, sino en qué condiciones debe hacerlo.

La Comunitat Valenciana no puede permitirse sostener su principal industria sobre infraestructuras insuficientes y decisiones aplazadas. El turismo necesita orden, inversión y una estrategia pública a la altura de su importancia.

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