Opinión | Bolos
El “efecto Mamdani” entra en la precampaña municipal de València
El nuevo alcalde de Nueva York ofrece la clave a la gran competición entre Catalá, Oltra y Bernabé

Una pareja de turistas en la puerta cerrada de l’Umbracle, la terraza nocturna de la Ciutat de les Arts i les Ciències. / JM LOPEZ
Mónica Oltra y Pilar Bernabé preparan su asalto a la alcaldía mirando de reojo al “efecto Mamdani”. Ya sé que Nueva York y València apenas admiten comparación, pero las ciudades no siempre se copian por lo que son, sino por lo que intuyen. Y ambas saben que una parte del electorado empieza a cansarse de la política bronca y empieza, también, a premiar otra cosa. Un liderazgo trabajador, empático, reconocible.
Según la encuesta publicada por The New York Times al cumplirse casi sus primeros cien días, Zohran Mamdani alcanza un 48 % de aprobación y obtiene buenas valoraciones en cercanía y comprensión de los problemas cotidianos. En los tiempos que corren, eso no es solo un aprobado, es casi una extravagancia estadística. Y, sin embargo, ahí está. Como si una parte de la ciudadanía hubiera decidido que ya ha tenido bastante de representantes en permanente estado de combate.
Puede que, de aquí al último domingo de mayo de 2027, la clave no sea solo quién promete más, sino quién logra conectar con el mejor humor de la ciudad. En ese terreno, Mamdani lanza una lección útil tanto para las dos aspirantes de la izquierda como para María José Catalá: la empatía es una ventaja competitiva. Sabemos perfectamente cómo viaja el malestar hacia las urnas. Para comprobarlo no hace falta una encuesta, solo basta con subir al metro, coger un autobús o escuchar una conversación en las paradas.
El caso de la Gran Manzana sugiere, además, algo tan elemental como que la ilusión solo moviliza cuando aterriza en lo concreto. En Nueva York, el tirón del nuevo alcalde demócrata, en plena era Trump, se apoya en la vivienda, el transporte y la gratuidad de las guarderías. Es decir, en las cosas de todos los días. No en las grandes abstracciones ideológicas, sino como llegar a final de mes. En València, eso debería empujar la conversación hacia la vivienda asequible, la movilidad metropolitana, la limpieza urbana y los servicios públicos de barrio. Quien sepa ordenar ese relato hablará en el idioma que ahora mismo entienden mejor los votantes.
Ninguna de las tres candidatas valencianas puede copiar a Mamdani como una franquicia electoral. Pero sí harían bien en entender esa lógica de menos pose y más pedagogía. Más proximidad y menos teatro. Porque el mensaje que llega desde Nueva York es que todavía hay espacio para liderazgos amables, y más en una ciudad como València, que penaliza cualquier exceso de teatralidad cuando sospecha que solo sirve para tapar la gestión. A estas alturas, la amabilidad, la cercanía y la utilidad cotidiana deberían ser, sencillamente, la obligación mínima de cualquier candidatura con ambición de gobierno.
La polémica de los festivales
La Ciutat de les Arts i les Ciències (Cacsa) no solo quería ser un icono simbólico, también quería ser un negocio. Y ahí cuando un recinto pensado para la divulgación, la arquitectura y la imagen de modernidad acaba dependiendo de festivales masivos, terrazas nocturnas, visitas de celebridades, o eventos de todo tipo y condición aflora la precariedad de fondo. Cacsa presume ahora de beneficios, pero sigue sostenida por la muleta de la Generalitat, arrastrando una deuda de más de 200 millones. Esa es la verdad menos fotogénica del complejo Calatrava.
La sentencia del ruido ha destapado un conflicto que llevaba años tapándose con facturación y propaganda. Rentabilizar el espacio puede ser razonable; convertirlo en un contenedor de cualquier cosa, no tanto. Sobre todo, cuando ese uso intensivo banaliza un patrimonio público. La Ciutat de les Arts no puede vivir de espaldas ni a los vecinos ni a su propia razón de ser.
El ruido que se avecina
La sentencia de Cacsa puede ser la primera de una jurisprudencia que puede alterar el actual ecosistema sonoro-festivalero de València. Porque la remodelada plaza de toros, según anunció el presidente de la Diputación, aspira también a convertirse en un espacio de grandes conciertos, con lo que eso significa. Pero también hay espacios abiertos, como el estadio del Levante o Viveros, que pueden verse arrastrados a la minuciosa inspección municipal. El que cumple absolutamente todos los requisitos y es el mejor auditorio es el Roig Arena. Menos mal.
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