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Opinión

València

Partida europea en Hungría

El primer ministro de Hungría, Viktor Orban, en un mitin electoral junto al vicepresidente de EEUU JD Vance.

El primer ministro de Hungría, Viktor Orban, en un mitin electoral junto al vicepresidente de EEUU JD Vance. / Beata Zawrzel / Europa Press

Es posible que la democracia no sea la respuesta para todo, máxime en un mundo cada vez más globalizado en el que muchas de las decisiones que afectan a los Estados se adoptan en espacios de poder ajenos al proceso democrático; pero sigue siendo fundamental para mantener un orden internacional desde la estabilidad y la paz. Es el contrapeso al populismo y al autoritarismo que se erigen como las grandes amenazas de este tiempo. Y en ese contexto, la Unión Europea puede considerarse el orbe que hoy en día constituye su mayor garantía, no tanto por su compleja estructura como por la salvaguarda que de ella hace respecto de los países que la integran.

Mañana se vota en Hungría y no serán unas elecciones sin más. Se trata de un país cuyo gobierno lidera el ala dura de la extrema derecha en Europa. Viktor Orbán lleva dieciséis años en el poder y se ha empleado a fondo en debilitar las estructuras de la democracia a través del proyecto que él mismo denominó “la construcción de un Estado iliberal”. De puertas adentro, ha llevado a cabo cambios constitucionales que han mermado la independencia del poder judicial, las libertades públicas o los derechos de las minorías. De puertas afuera, destaca el bloqueo al préstamo de noventa mil millones de euros de la Unión Europea para Ucrania. Con una mano coge la de Trump y con la otra la de Putin. Dos potentes aliados que en el ámbito internacional rivalizan, pero en este caso coinciden porque tienen un objetivo común: debilitar a la Unión desde dentro. Y para ello, Orbán es el socio perfecto.

El Parlamento Europeo ha pedido a la Comisión medidas para garantizar que el proceso electoral sea limpio ante la manipulación, la desinformación y una posible injerencia rusa que podría adulterar el resultado. Hace unos días, el vicepresidente estadounidense J. D. Vance aterrizó en Budapest para apoyar a Orbán entre recriminaciones y difamaciones hacia la Unión Europea, a la que llegó a acusar públicamente de querer destruir la economía húngara. Ese es el nivel de lo que está ocurriendo y de lo que se juega Europa mañana con el resultado de las urnas en Hungría. Estas no son unas elecciones sin más debido a su alta capacidad para determinar el avance o el freno de la extrema derecha en Europa. Y con ello, el futuro de la democracia.

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