Opinión
Resistir al delirio

29/09/2025 September 29, 2025, Washington, District Of Columbia, USA: United States President Donald J Trump, right, and Prime Minister Benjamin Netanyhu of Israel, left, shake hands at a press conference in the State Dining Room of the White House in Washington, DC, USA, 29 September 2025. In their meeting, Trump pressed Netanyahu to accept a peace deal to end Israelâ€s on-going war in Gaza, and for Hamas to free their remaining hostages POLITICA Europa Press/Contacto/Jim LoScalzo - Pool via CNP / Europa Press/Contacto/Jim LoScal / Europa Press
En un caso que nos relata Dorian Leader en su libro “¿Qué es la locura?”, un psicótico le dice a su psiquiatra: “En mi mundo privado soy omnipotente, en tu mundo soy diplomático”. Parece una broma, pero no lo es. Constituye la expresión de la doble vida a la que están condenados tantos enfermos que escinden su existencia en dos experiencias, dos lógicas, dos mundos. En muchos casos, el paciente calcula rigurosamente los roces y las interferencias entre esos dos mundos, y los mantiene cuidadosamente separados. En ello gasta un enorme esfuerzo racional, pero como dijo G.K. Chesterton: “El loco es el que lo ha perdido todo, excepto la razón”. Son las psicosis mudas que no paran de crecer en nuestro tiempo. Que estallen o no en eso que se llama locura, dependerá de mil cosas.
El psicoanalista Leader nos informa de que la mayoría de las veces dependerá de la posición social. Cuanta mejor posición social, menos conflictos y, por tanto, menos detonadores de la enfermedad. El poder prima la psicosis muda. Podemos imaginar que una de estas personas es el hombre más poderoso del mundo. Colocado en la cima de las relaciones sociales, dotado de los resortes del poder, este hombre podría decir “Yo decido cuándo soy omnipotente y cuándo soy diplomático”. Hablo de Trump.
Este hombre manejará las situaciones que disparan la paranoia latente y la tornan explícita. Pero lo que no podrá hacer esta personalidad enfermiza es unificar su psiquismo. Tendrá que mantener la dualidad de ser omnipotente y de ser diplomático. Esa dualidad se habrá convertido en algo más que un hábito. Será un destino. Y así, cuando sea omnipotente será una bestia desatada, y cuando sea diplomático parecerá atenerse a parámetros compartidos, pero en el fondo la dualidad será más profunda y no podrá negociar sin amenazar con su omnipotencia, y no amenazará como omnipotente sin decirnos que en el fondo quiere negociar.
Así, el mundo asiste a los acontecimientos de un psiquismo dualista cuyo resultado es que la omnipotencia se manifiesta como furia y destrucción, y la negociación como provisionalidad, hasta un nuevo episodio de omnipotencia. Es el destino de estas personalidades que, cuando su dualismo se hace público, a través de un conflicto procedente de estímulos externos, domina en ellas siempre la dimensión de omnipotencia, esa parte de delirio que puede estar oculta, pero que constituye la realidad psíquica fundamental que presta sentido a lo demás. Y así, lo que vemos como sustantivo del mandato de Trump es la manifestación destructora del delirio de omnipotencia, bien por la violencia explícita que promueve, bien por la desconfianza que sus amenazas generan los demás.
En la sustantiva dimensión de omnipotencia, domina la insensibilidad hacia el otro y hacia el mundo, lo propio de la psicopatía. En estas personalidades, el otro no es sino la amenaza a la propia integridad y poder. Eso hace que la fase diplomática nunca sea real. Sea cual sea la posición del otro, será una amenaza. No es de extrañar que Trump haya denunciado el acuerdo con Irán asumiendo que no es el suyo. Estas personalidades solo se sienten seguras cuando el otro sigue su delirio y lo acepta como realidad. Eso es lo que en el fondo pide a la Unión Europea.
Lo más peligroso de estos personajes consiste en que, si alguien entra en su delirio, puede manejarlos como marionetas en la medida en que les ofrezca la oportunidad para desplegar su desbordado psiquismo. Esto es lo que ha hecho Netanyahu y los servicios secretos americanos e israelíes. Pero esta alianza no es solo el juego de un aprendiz de brujo que tira de las marionetas creando la ocasión para que Trump se desate omnipotente. Hay una poderosa afinidad electiva entre estos dos actores. Pues Netanyahu representa la política de los delirantes que oyen la voz de Yahvé, la promesa de la Tierra Prometida, desde Tiro y Sidón hasta el Tigris. Si esa política delirante, obediente a la voz del Otro, no amenazara la vida de millones de seres humanos en Gaza y en Líbano, en Siria y en Irak, ni Hezbollah ni Hamás tendrían sentido.
Cuando se está en el delirio, el mundo entero deja de tener densidad, consistencia y realidad. Todo se convierte en una sombra sepultada por la verborrea de la lógica perfecta de la paranoia. Los miles de muertos y desplazados, los ingentes edificios destruidos, los pueblos asustados, las escuelas convertidas en fosas comunes, todo pierde relevancia y pasa a ser una sombra informe sin sustancia. Y si al mando de esos pueblos martirizados y sacrificados hay otros personajes que también escuchan la voz de un Otro que no hace sino grandilocuentes promesas de poder, entonces el mundo está cogido en un inmenso manicomio, en el que locos igualmente dominados por su sentido de la omnipotencia entregan a la gente corriente a una carnicería sin fin.
Todos hemos experimentado la impotencia ante el delirante. No debemos culparnos por ello ni creer que somos cobardes por no hacerle frente. Ponernos a su altura no haría sino alimentar el propio delirio. Alejarnos de ellos, prometernos no entrar en el delirio, mantenernos firmes ante el horror, decirnos una palabra de aliento, identificar la escena, abrazarnos en paz, escuchar a los otros que hablan por sus cuerpos sufrientes, sentirnos tan indefensos como ellos y al mismo tiempo tan resistentes como esos masacrados por los delirantes, atenernos a la condición humana común, lanzar el mensaje de que estaremos enteros para reconstruir la paz cuando esta locura destruya a sus portadores, eso es lo que ahora está en nuestra mano.
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