Opinión | Trencar l’enfit
A cuenta del polémico ‘esmorzaret’
Aquí quedamos o paramos para ‘esmorzar’, no para comernos un ‘esmorzaret’, igual que hablamos de ‘la terra’, un término infinitamente diferente al insulso ‘terreta’, infantil y ‘aigualit’ hasta el extremo máximo.

Tres bocadillos para el almuerzo con el tradicional, también, pà de pataqueta. / L-EMV
Vaya por delante una cuestión que no puedo evitar: aborrezco los diminutivos. A veces se me escapan, lo tengo que confesar, pero intento ser cada vez más consciente y enviarlos castigados al rincón del pensar cuando aparecen, por sorpresa, en una conversación adulta. Los aborrezco porque considero que minimizan el impacto, el significado y el poder que sus palabras originales atesoran. Sobre todo, en lo que a campañas publicitarias se refiere. No es lo mismo ‘terra’ que ‘terreta’, ni ‘esmorzar’ que ‘esmorzaret’. Hay diferencias notables, y se ven.
Como valencianoparlante toda mi vida he soportado chistes en los que mi idioma era usado en tono de burla para evidenciar diferencias entre los listos y los tontos, los de la ciudad y los del pueblo, los ricos y los pobres. Es obvio que el fomento de la lengua desde la transición ha logrado tirar abajo muchos de estos injustificados clichés y ampliar su uso en muchos sectores. Aunque, no nos engañemos, sin apoyo institucional está en pleno retroceso.
Lo 'gastro' cuesta más caro
Lo que me llama mucho la atención desde hace algunos años es cómo la publicidad utiliza el valenciano, qué modelo de valenciano y para qué. Y me va de perlas la última polémica a raíz de la campaña de una compañía de bebidas refrescantes y la respuesta de otra, una cervecera. Yo no sé ustedes, pero cuando yo quedo a ‘esmorzar’ quedo a ‘esmorzar’, como siempre se ha hecho aquí cuando paras un momento de trabajar. Eso de ‘l’esmorzaret’, con ese diminutivo que cambia el concepto totalmente, no sé de donde ha salido. Supongo que de alguien que vio enseguida la opción de turistificarlo, ligándolo al concepto ‘gastro’ y ‘neo’ que tanto impera ahora y poderle subir el precio.
Aquí quedamos o paramos para ‘esmorzar’, no para comernos un ‘esmorzaret’, igual que hablamos de ‘la terra’, un término infinitamente diferente al insulso ‘terreta’, infantil y ‘aigualit’ hasta el extremo máximo.
Señores publicistas, por favor, dejen de infantilizar nuestra manera de ser, de hablar y de vivir la vida. Mil gracias por reivindicar nuestra lengua para vender más sus productos. Pero háganlo con respeto, a nadie se le ocurriría una campaña que invitara a comer ‘callitos’ en Madrid, ‘butifarritas’ en Catalunya, ‘pintxitos’ en Donosti o ‘jamoncito’ a lo largo y ancho de la piel de toro. Trellat.
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