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Opinión | Bolos

Director de Levante-EMV

Catalá entra en la batalla

Compromís y el PSPV aprovecharán la investigación por presunto tráfico de influencias para debilitar a la alcaldesa

María José Catalá comparece en el Ayuntamiento tras conocerse la investigación de la Fiscalía Anticorrupción.

María José Catalá comparece en el Ayuntamiento tras conocerse la investigación de la Fiscalía Anticorrupción. / Efe/ B. Aliño

No se puede ser fan del juez Peinado y cuestionar a la jueza de la dana. Tampoco funciona al revés. Que la polarización llegue a la judicatura entraña tantos riesgos que acaba de entrar en la batalla de València. La pugna preelectoral ya no va solo de modelo de ciudad, de impuestos, de movilidad o de limpieza. Va de poder. Y, desde ahora, también va de sospecha. La investigación abierta por Anticorrupción a María José Catalá por presunto tráfico de influencias rompe el bien más valioso de cualquier representante público, la apariencia de control.

Catalá había construido su posición frente al desorden anterior. Ella representaba gestión; frente al ruido, solvencia; frente al experimento, administración. Ese relato le había funcionado razonablemente bien. Incluso con Vox al lado, sus socios incómodos y alguna guerrita cultural, la alcaldesa conseguía presentarse como la adulta del hemiciclo. Pero la política local tiene una ley implacable. Se puede sobrevivir a la bronca, no siempre a la sospecha.

Su defensa, de momento, es la esperable. Rebajar el caso. Encerrarlo en un expediente técnico. Repetir que la plaza existía, que el proceso fue transparente y que Compromís fuerza una operación política donde solo habría una decisión administrativa. Puede que jurídicamente sea una línea útil, aunque políticamente no basta. Porque el problema nunca es solo si algo podía hacerse. El problema es si debía hacerse, para quién se hizo y por qué deja ese olor tan conocido de ventanilla abierta para unos pocos.

Ahí empieza el verdadero daño. No en el juzgado, sino en la percepción. La oposición ya ha olido la herida. Compromís, además, llega vitaminado por el regreso de Mónica Oltra, que ha aceptado el reto de disputar la alcaldía y convertirá cualquier grieta en argumento de campaña. El PSPV, con Pilar Bernabé ya oficializada desde hace meses, intentará hacer lo mismo desde un perfil más institucional.

Así que la batalla de València entra en otra fase. Hasta ayer, Catalá quería discutir gestión. Desde hoy tendrá que discutir ejemplaridad. Y cuando se deja de elegir el terreno de juego, empieza a jugar a la defensiva. En política municipal eso suele ser el principio de algo. Rara vez el final de nada.

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