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Opinión

San Isidro: un pueblo lleno de historia y un futuro que hay que cuidar

El único parque infantil del pueblo está en un estado que no es digno ni seguro para nuestros hijos

Mal estado de los elementos del parque de San Isidro de Benagéber.

Mal estado de los elementos del parque de San Isidro de Benagéber. / J.N.

Vivir en San Isidro de Benagéber es un privilegio que quienes estamos aquí sentimos cada día. No es solo un pueblo pequeño de poco más de 200 vecinos dependiente de Moncada. Es un lugar donde todavía existe la cercanía, donde los vecinos se saludan por su nombre y donde los niños pueden crecer rodeados de tranquilidad y comunidad.

Mi familia y yo no nacimos aquí, pero este pueblo nos acogió desde el primer día de una forma extraordinaria. Desde el momento en que llegamos, nos hicieron sentir parte de él, como si siempre hubiéramos pertenecido a estas calles blancas y tranquilas. Ese sentimiento de pertenencia es algo que no se puede medir, pero que define lo que realmente es San Isidro: una comunidad viva, generosa y comprometida.

En los últimos años, además, algo muy positivo está ocurriendo: cada vez hay más niños. Eso nos dicen los más mayores. Más familias jóvenes. Más vida. Más futuro.

Pero esa buena noticia viene acompañada de una preocupación que muchos vecinos compartimos: el único parque infantil del pueblo está en un estado que no es digno ni seguro para nuestros hijos.

Quienes lo frecuentan lo saben bien. Zonas deterioradas, elementos que presentan riesgos, malas hierbas que invaden el espacio… un parque que debería ser el punto de encuentro de la infancia del pueblo se ha convertido en un lugar que genera preocupación.

Mal estado del parque de San Isidro de Benagéber.

Mal estado del parque de San Isidro de Benagéber. / J.N.

No hablamos de estética, hablamos de seguridad. No hablamos de comodidad, hablamos de infancia.

Nuestros hijos merecen jugar en un entorno cuidado, limpio y seguro. Y hoy, lamentablemente, eso no siempre está garantizado.

Sabemos —y hay que puntulizarlo— que el Ayuntamiento de Moncada realiza esfuerzos para mantener nuestros espacios. Somos conscientes de que gestionar recursos públicos no es sencillo y que hay muchas necesidades que atender. Este artículo no nace desde la crítica fácil, sino desde la responsabilidad colectiva y desde el cariño por el lugar en el que vivimos.

Pero también creemos que ha llegado el momento de hacer más.

San Isidro de Benagéber no es solo un núcleo pequeño dentro del término municipal. Es un pueblo lleno de vida, con familias comprometidas y con niños que representan el futuro de esta comunidad. Y ese futuro necesita espacios adecuados para crecer.

Un parque infantil no es un lujo ni un elemento más del pueblo. Es una infraestructura básica en cualquier núcleo donde hay infancia. Es un lugar donde los niños desarrollan habilidades sociales, donde crean amistades, donde aprenden a convivir y donde construyen recuerdos que los acompañarán toda la vida.

Hoy, muchos padres y madres miramos ese parque con preocupación. No debería ser así.

Debería ser un lugar de tranquilidad, no de alerta.

Por eso, desde el respeto y el reconocimiento al trabajo realizado hasta ahora, pido una reflexión al Ayuntamiento de Moncada para que actúe con urgencia para rehabilitar y acondicionar el parque infantil de San Isidro de Benagéber.

No pedimos grandes proyectos ni inversiones desproporcionadas. Pedimos seguridad. Pedimos mantenimiento real. Pedimos que se eliminen los elementos peligrosos, que se adecúe el espacio y que se garantice que nuestros hijos puedan jugar sin riesgos.

San Isidro de Benagéber es un pueblo que cuida de su gente. Lo vemos cada día en la convivencia entre vecinos, en el apoyo mutuo, en el sentimiento de comunidad que se respira en sus calles. Mi familia y yo somos prueba de ello.

Por eso creemos que ahora es el momento de que también se cuide a este pueblo. Porque cuidar un parque infantil no es solo arreglar un espacio. Es cuidar el presente y el futuro de quienes vivimos aquí.

Y porque ningún pueblo, por pequeño que sea, debería conformarse con menos de lo que sus niños merecen.

La historia de este pequeño pueblo te enseña a resistir, ahora toca cuidar el futuro. Es una cuestión de dignidad.

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