Opinión | La veleta de papel
Europa

Imagen de archivo.
Joan Luís Vives (S.XVI) fue de los primeros en formular una idea de Europa, como espacio común e identitario (fe, ética y justicia) de sus pueblos. Los intelectuales han pugnado por ello siglos, pero ha sido en los últimos decenios cuando hemos logrado forjar un sentimiento de pertenencia europea compartido. Somos cuna de civilizaciones; nuestros clásicos son fuente nutricia del pensamiento de lo que no es Inteligencia Anulada. Después de infinidad de conflictos bélicos fratricidas a lo largo de siglos hemos aprendido a convivir. Europa no es un mito, un ideal o un mercado, es una realidad vital: nuestra patria.
El estado de bienestar social es un logro europeo indiscutible que hay que defender y al que aspiran todos los pueblos. Un instrumento de justicia y redistribución de riquezas (incompleto e insuficiente) que beneficia a todas las clases sociales, propiciando armonía y estabilidad, que junto a la democracia, son la base de este dilatado periodo de paz en gran parte del continente y por eso los tecnolígarcas quieren destruirlos.
No dudarán en utilizar ingentes medios económicos para intentar comprar periodistas y políticos, manipular elecciones, sabotear infraestructuras, armar guerras o introducir troyanos. Investíguese la financiación directa o indirecta de partidos políticos y medios de comunicación para desenmascararlos.
Mientras reeditábamos la belle epoque, descuidamos defensa, cohesión y federalismo; ahora como entonces, sino reaccionamos, llegarán los camisas negras o pardas y con ellas la muerte. Sin una Unión Europea fuerte y unida, no hay defensa de nuestras formas de protección social, libertades, ideas, culturas, economías, ni vidas de nuestros compatriotas. Somos un actor importante del mundo que sin embargo muestra debilidades intolerables por falta de gobernanza, altura de miras e inteligencia a largo plazo. Ha caído el felón Orban, esperemos qué los nuevos gobernantes húngaros sean leales. El estado que no quiera ser de la UE y avanzar con ella, que se vaya o se le expulse.
Conjuntamente tenemos uno de los mayores ejércitos del mundo pero desorganizado y atomizado. Si queremos sobrevivir urge una política de defensa común concentrada en un ejército europeo, bajo mando unificado, con potencial bélico eficiente, con las inversiones necesarias y coordinadas. Nuestra industria puede y debe adaptarse rápidamente a las necesitades actuales y futuras. No seamos ilusos, preparémonos sin líneas rojas para defendernos, venga de donde venga la agresión. Para empezar ayudemos a Ucrania. Hoy Trump es tan enemigo como Putin, ambos junto a Xi Jinping quieren repartirse el mundo y con él nuestros despojos. La amenaza es real, inminente y cierta; debemos reaccionar si queremos asegurar Europa para generaciones futuras.
Estos mafiosos autócratas no pueden acabar con nosotros. No lo conseguimos nosotros mismos y llevamos siglos intentándolo. Las élites políticas europeas siguen contradictorias, lentas y timoratas, pero los hechos obligan a dejar ese estado suicida y tomar las riendas del poder que temerariamente cedimos. Siguiendo al flautista de Washington, ensimismados con pequeñas y miserables cosas, no vimos venir la ley de la selva (sin edulcorantes). La OTAN en su formulación actual está muerta y la ONU moribunda. Las leyes internacionales son violadas sistemáticamente. Dejémonos de semi depresiones nacionales, de falsas y egoístas aspiraciones a minúsculos paraísos, seamos serios, despertemos o nos destruirán a todos y cada uno para ser esclavizados.
Tenemos personas (civiles y militares) suficientemente formadas y medios potentes para implementar las mejores soluciones. Abrase un periodo constituyente, que construya el andamiaje (competencial, derechos y obligaciones) del estado federal de la Unión Europea con amplitud de miras, a futuro y sin olvidar el pasado. Necesitamos políticos con visión futurista, patriotas nacionales y europeos; los traidores o dubitantes, sean Rutte, von der Leyen, Kallas o quien sea, deben ser apartados inmediatamente. Es importante que los que habitamos este ancestral espacio físico, seamos conscientes de nuestras debilidades, pero también robusteces, y antes de que nos eliminen, fortalezcamos una Europa solidaria, unida e independiente, última defensa de las libertades y garantes de la paz que tanto necesita el mundo. ¿Usted no lo cree?
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