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Opinión

Rafael Fernández-Delgado Cerdá

Rafael Fernández-Delgado Cerdá

Médico Pediatra. Patrono de Fundación por la Justicia

Pediatra y patrono de la Fundación por la Justicia

Nuestra tarea de cada día

Es difícil convencer a la infancia de que buscamos una sociedad en paz, cuando noticias aterradoras sobre guerras saltan a la vista en todos los medios

Las redes sociales forman parte de la sociedad moderna y muchos jóvenes plantean quitarse esta complicada adicción.

Las redes sociales forman parte de la sociedad moderna y muchos jóvenes plantean quitarse esta complicada adicción. / Shutterstock

Apuntaba Carlos Marzal hace unas semanas en estas páginas, que algunos artículos se escriben por militancia. La militancia en la solidaridad y en la preocupación por la población más desfavorecida y desprotegida, obliga a escribir sobre la infancia hoy, que se celebra en España el Día del Niño. Desgraciadamente, todos los años se puede escribir algo parecido, aunque siempre hay un acontecimiento reciente que agrava la causa. La acción (inacción) social sobre el futuro de la infancia y juventud cambia poco. Invariablemente, lo preocupante nace del comportamiento de los adultos, sus referentes.

¿Cuántos niños había en el estadio viendo a la selección española de fútbol el día en que una parte de la grada intentó humillar a los que no eran “de los suyos”? ¿Cómo es posible que inmediatamente después de estos sucesos las autoridades de un país -cuya Constitución aboga por la igualdad y donde el racismo es ilegal- no suspendieran un acontecimiento en el que una parte de los asistentes denigraba a la porción minoritaria de los jugadores y espectadores? ¿Qué enseñanzas pudieron extraer los espectadores infantiles de un partido “amistoso” en el que jugaba el equipo de sus sueños?

Es difícil convencer a la infancia de que buscamos una sociedad en paz, cuando noticias aterradoras sobre guerras saltan a la vista en todos los medios o cuando vemos a nuestros representantes elegidos transmitir insultos y mensajes de odio de forma permanente. Por ello, es importante que, desde el entorno más cercano, en todas las actividades, escuela, deporte, juegos, lectura, transmitamos a los menores que nos rodean la necesidad de tolerancia y de búsqueda de comprensión hacia los demás. Conscientes de que construir el futuro pasa por desterrar el odio, la Fundación por la Justicia trabaja desde hace más de 30 años en transmitir estos valores de solidaridad y apoyo a poblaciones infantiles desfavorecidas.

Tiempos duros para ellos. Sabemos lo catastrófico del exceso de permanencia ante las pantallas y el nefasto impacto que el manejo indiscriminado de las redes sociales a edades tempranas tiene sobre el desarrollo mental de la infancia. Y es necesario poner límites legales que no impidan extraer los beneficios de la comunicación telemática, pero que imposibiliten su mal uso por una franja de edad inmadura a la que le puede afectar de forma permanente desde el punto de vista físico e intelectual.

Desgraciadamente, a través de las redes, los malos conceptos del tejido social adulto van transmitiéndose a las edades tempranas y una parte de este grupo etario, según esas enseñanzas, puede asociar su bienestar futuro con la persistencia de las diferencias sociales y la existencia de grupos dominantes.

Pero también sabemos que lo que más impacta sobre este grupo de menor edad es el comportamiento de los suyos, los más cercanos, los que les rodean y con los que conviven.

Debemos implicar a la infancia en juegos y enseñanzas que les permitan desarrollar los valores más importantes para su futuro, como igualdad, solidaridad y responsabilidad, y ello no se hace a través de la soledad en las redes sociales, sino con la participación cercana de su entorno (familia, colegio o vecindario).

Es nuestra tarea de cada día.

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