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Opinión | La Vía Láctea

Uno prefiere a Júlia, pero...

Festival de les Arts

Festival de les Arts / Germán Caballero

Uno preferiría hablar aquí de “Oscil.lobatent”, el nuevo disco de Júlia, una de esas cosas inesperadas y preciosas que le ocurren a la música valenciana -a la música en general- de vez en cuando. Pero a veces toca hablar de cosas antipáticas y feas, porque también ocurren y afectan a muchas más personas que las que, desgraciadamente, escucharán el disco de Júlia.

Con antipático y feo me refiero a lo que está ocurriendo con los conciertos y festivales de la Ciutat de les Arts y la impregnación política del asunto tras la sentencia que obliga al ayuntamiento a aminorar las molestias que estos eventos provocan a los vecinos.

A día de hoy, la foto es esta: uno de los espectáculos previstos, el concierto de Jean-Michel Jarre, se traslada a la Marina Nord. Los otros -Love the 90’s, I Love Reggaeton, Festival de les Arts y BigSound- siguen anunciándose en el antiguo cauce del Túria, pese al empeño del ayuntamiento en que han de ser reubicados y al perfil bajo de la Generalitat, responsable de alquilar los terrenos y conceder las licencias.

Los promotores se agarran al compromiso de la Generalitat: si cumplen la normativa de ruidos -que la música no supere los 90 decibelios en el recinto ni los 45 en las viviendas-, los eventos pueden celebrarse allí. Y aseguran que así será: que no pasarán de esos 90 dB, algo parecido al claxon de un autobús en una calle de València.

Por eso, dentro de la industria hay quien esboza media sonrisa sarcástica cuando se plantea que el público de un festival para 20.000 personas aceptará encantado escuchar mejor al borracho con camisa estampada de al lado que a su cantante favorito situado allí al fondo sobre el escenario. La misma sonrisa aparece cuando se recuerda que ese límite rige desde 2025 y, en teoría, no ha pasado nada.

Así que pueden pasar varias cosas.

  • Una: que los festivales se celebren allí con los límites establecidos y que el público se enfade tanto con lo que no va a escuchar que, al año siguiente, prefiera un cumpleaños infantil antes que un concierto de música moderna.
  • Otra: que encuentren otro espacio, como ha ocurrido con el concierto de Jean-Michel Jarre, aunque no será lo mismo mover a 10.000 personas que a 20.000.
  • Y la última: que finalmente ni Festival de les Arts ni BigSound ni los demás se celebren, dejando a decenas de miles de personas sin música y tiradas, algo que no le conviene ni a la industria musical valenciana ni al Ayuntamiento ni a la Generalitat.

Digo yo que todas las partes deberían darse prisa, porque el final de mayo -cuando debería celebrarse el primero de estos festivales- ya asoma en el horizonte.

Pues eso. Y otro día hablaremos del diferente espesor de la piel administrativa cuando se trata de los problemas que provocan la música, las fallas o los maratones multitudinarios.

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vía láctea / L-EMV

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