Opinión
De la Luna a la Edad de Piedra

Vista de la Luna desde Orión en una foto tomada el 5 de abril de 2026
Vaya viajes nos está regalando este tiempo tan inquietante que estamos viviendo. Dos noticias de alcance mundial marcan estos días: la primera tiene que ver con una hazaña jamás conseguida por el ser humano, como es el viaje a la cara oculta de la Luna; la segunda, con la amenaza de convertir a todo un país en una zona propia de la Edad de Piedra.
Pero vayamos por partes. En el primer caso, estamos asistiendo a un alarde de desarrollo científico, muestra de un importante esfuerzo de equipos colaborando y trabajando juntos, todo un ejemplo de lo que se puede alcanzar cuando se dispone de recursos, voluntad y capacidad tecnológica.
En el segundo caso asistimos a algo que, por desgracia, no es nuevo: la guerra, las guerras. Pero ahora, más que nunca, evidenciamos, y está a la vista de todos, cómo la génesis de esta desgraciada deriva tiene que ver con la mano de dictadores, acompañados de vasallos ávidos de poder y fortuna, que siguen a pies juntillas los deseos de alguien que, sin duda, actúa en beneficio propio, sin pensar en las consecuencias de sus decisiones.
Un panorama que en nada se diferencia de lo que ocurría en la Edad Media y, posiblemente, tampoco en la Edad de Piedra: la razón de la fuerza en lugar de la fuerza de la razón.
Si intentamos comparar ambos acontecimientos, no resulta sencillo, pero sí comparten algunos elementos. En primer lugar, su impacto mundial: están presentes en todos los medios del planeta. También son, en cierto modo, un alarde de poder y de tecnología aplicada. Sin embargo, las diferencias son abismales.
La exploración lunar es fruto del trabajo colaborativo, del esfuerzo de científicos y profesionales que apuestan por un desarrollo que debería hacernos sentir orgullosos y cuyas consecuencias pueden ser positivas para la humanidad en el futuro.
Las guerras, en cambio, son una realidad mucho más tangible en el presente, y sus resultados son devastadores para todos, especialmente para quienes habitan las zonas afectadas, donde se acumulan dolor, muerte y consecuencias inimaginables.
Es cierto que hay cosas que no se pueden comparar, pero todos los habitantes del planeta seguimos con enorme atención, los dos acontecimientos.
Quizá lo más inquietante, incluso obsceno, no sea que ambos fenómenos existan, sino que ocurran al mismo tiempo sin que esa contradicción nos paralice. Nos hemos acostumbrado a mirar en dos direcciones opuestas sin preguntarnos hacia dónde queremos ir.
Esta coincidencia debería servirnos para reflexionar sobre el futuro que realmente queremos construir: ¿La misma humanidad que es capaz de cooperar para explorar el espacio es también la que decide destruirse a sí misma? La pregunta ya no es qué podemos hacer, eso ha quedado demostrado, sino qué estamos dispuestos a tolerar.
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