Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión

València

Razón de Estado y no a la guerra

'America First' sería un ejemplo de falsa invocación de la razón de Estado que esconde un 'Trump First'

Protesta de partidarios del regreso de la monarquía a Irán en Washington, el pasado 29 de marzo.

Protesta de partidarios del regreso de la monarquía a Irán en Washington, el pasado 29 de marzo. / KEN CEDENO / AFP

El católico rey de Francia, Francisco I, se alió con el sultán Solimán el Magnifico del Imperio Otomano contra el emperador Carlos V. La alianza de un rey cristiano con un sultán musulmán contra un emperador cristiano tuvo la pretendida finalidad de defender los intereses de Francia, sin que importaran las graves consecuencias que dicha alianza podría haber causado al occidente cristiano. En realidad, a Francisco I, con esta alianza contra natura, lo único que le importaban eran sus intereses personales. Los franceses, que poseen el arte de poner nombre a conceptos complejos, calificarían a esta política de raison d´État. Razón de estado que sería practicada de manera despiadada por el Cardenal Richelieu, primer ministro de Luis XIII, contra los Habsburgo.

Todos los estados poderosos han practicado la razón de estado dejando a un lado principios, valores y alianzas en sus relaciones comerciales o iniciando o apoyando guerras de agresión o defensivas, aunque en numerosas ocasiones la finalidad de utilizar la razón de estado no haya sido proporcionar el bienestar de los ciudadanos de esos estados que es un imperativo en las democracias. America First sería un ejemplo de falsa invocación de la razón de Estado que esconde un Trump First.

La Unión Europea y sus Estados miembros tienen el compromiso de exigir a los estados con los que suscriben acuerdos comerciales que respeten los derechos fundamentales y las libertades públicas proclamadas en la Declaración Universal de los Derechos Humanos de la ONU, en la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea y en la mayoría de las constituciones de los Estados miembros de la Unión Europea. Sin embargo, la Unión Europea incumple dicho compromiso con frecuencia para garantizar el bienestar de los ciudadanos europeos. Un ejemplo de estos incumplimientos ha tenido lugar como consecuencia de la política arancelaria de Trump. Es la razón de estado.

¿Se puede amparar, también, en la razón de estado la negativa de la Unión Europea y de los Estados miembros a participar en la guerra de Trump y Netanyahu contra Irán? ¿Acaso está la Unión Europea y los Estados miembros en esa posición porque consideran que es una guerra contra un estado democrático que respeta los derechos fundamentales y las libertades públicas de sus ciudadanos? La respuesta es negativa, Irán está gobernado por una teocracia de chiitas fanáticos que han asesinado y siguen asesinando a miles de sus compatriotas. ¿Acaso la Unión Europea y los estados miembros respaldan que Irán financie desde hace décadas a grupos terroristas por el mundo, entre ellos Hamás en la Franja de Gaza y Hezbolá en el sur del Libano? La respuesta es igualmente negativa, el terrorismo ha sido condenado por la Unión Europea en numerosas ocasiones. ¿Acaso está de acuerdo la Unión Europea y los Estados miembros con que Irán pueda fabricar bombas atómicas? No cabe duda de que la respuesta es negativa.

La posición de la Unión Europea y de la mayoría de los Estados miembros no pretende ni justificar ni alinearse con Irán. La razón o razones de estado que justifican sus posiciones son otras: en primer lugar, que EE UU no agotó las posibilidades que proporciona la negociación y la diplomacia para disuadir a Irán de su decisión de convertirse en una potencia nuclear. Al contrario, interrumpió unilateralmente las negociaciones y sin previo aviso inició la guerra, arrastrado por un genocida como Netanyahu. En segundo lugar, una guerra de agresión como la emprendida por Trump está fuera del marco de la Carta de las Naciones Unidas que EE UU ha vulnerado, pues la guerra se inició sin autorización del Consejo de Seguridad de la ONU. En tercer lugar, Trump inició la guerra sin consultar a sus aliados de la OTAN, ni a la Unión Europea. En cuarto lugar, porque era previsible y así ha ocurrido: la guerra de Trump y de su escudero Netanyahu lo único que está consiguiendo es destrucción y muerte en Irán y desabastecimiento de petróleo y gas, de graves consecuencias para las economías y los ciudadanos europeos. Además, y no menos importante, acompañar a Trump y a Netanyahu hubiera sido lo mismo que subirse a una montaña rusa manejada por unos locos: ninguno de ellos es fiable.

La Unión Europea y los Estados miembros (con la excepción de Hungría) son contrarios a las guerras de agresión, extinguidas en el seno de la Unión desde 1951, porque lejos de ser cierto, como sostenía Clausewitz, que la guerra de agresión sea la política por otros medios, sabemos los europeos que es el fracaso de la política y de los políticos y que los principales perjudicados son los ciudadanos inocentes, sea cual sea su resultado. Sin embargo, la Unión Europea y la mayoría de los Estados miembros respaldan, de acuerdo con el artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas, a estados como Ucrania, agredida por la Rusia de Putin. La Unión Europea apoya las guerras defensivas y en esa medida sus Estados miembros forman parte de la OTAN que, no debe olvidarse, tiene por finalidad la defensa colectiva, de todos y cada uno de sus estados miembros, de acuerdo con el artículo 5 del Tratado de Washington; otro motivo más para no participar en una guerra en que EE UU lejos de ser el agredido es el agresor.

En el caso de España, el no a la guerra de Pedro Sánchez es sobre todo un viejo eslogan de naturaleza populista y partidista que supone un nuevo desprecio a las Cortes Generales. No es admisible que las posiciones políticas internacionales de gran transcendencia para el presente y el futuro sean adoptadas unilateralmente, una y otra vez, por Pedro Sánchez sin someterlas a las Cortes Generales, que son los únicos representantes del soberano pueblo español. Pedro Sánchez hace mucho tiempo que ha perdido la noción de cuál es su lugar en el sistema constitucional: se burla de las Cortes Generales, como Trump se burla del Senado de los EE UU, y no parece que sea el paladín de España First sino de Sánchez First.

Tracking Pixel Contents