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Opinión | A quien lea

Xavier Ribera Peris

Xavier Ribera Peris

Periodista y editor

València

Las voces molestas

Resulta heroica la supervivencia de los medios informativos y la dedicación de los periodistas que los hacen posibles cada día y a cada hora. La urdimbre informativa sufre en su consistencia

Varios periódicos.

Varios periódicos. / SHUTTERSTOCK

“Mercaders de la por i la desfeta,

les passes insistents sempre retornen

per viaranys segurs i sense treva,

tan a prop que ja sents el seu alé

d’emmetzinades herbes.”

Jaume Pérez-Montaner, l’Alfàç del Pi (La Marina), Oblit.1996

Los valencianos si quieren una información ponderada, suficiente y libre tienen que pagarla. Lo barato es caro. El nudo gordiano a desenredar en el País Valenciano es el que envuelve la comunicación y la libertad de expresión. Sin medios de comunicación y sin periodistas cabales, bragados en el ejercicio de su oficio, no hay libertad de expresión. Otro tema pendiente es la nula inquietud y ocupación de los poderes públicos acerca del estado de la comunicación en el País Valenciano.

La información, se conquista

Nadie entendería, si no se explica, por qué hace seis años decidí dejar de escribir para este diario Levante-EMV, en el que había publicado centenares de artículos en dos etapas interrumpidas por zarpazos, amenazas y vacíos. Los lectores, a los que nos debemos y para los que existimos, han de conocer que la vida profesional de los periodistas está marcada por la incomprensión, chantajes y acosos. Los medios de comunicación están cada día más amenazados por la precariedad económica. Por el desafío digital (redes) y los desvíos publicitarios. Los valencianos sobre todo. Resulta heroica la supervivencia de los medios informativos y la dedicación de los periodistas que los hacen posibles cada día y a cada hora. La urdimbre informativa sufre en su consistencia. La opinión pública no tiene por qué permanecer impasible mientras se hace tambalear el pilar insustituible para su libertad y para la democracia. Del derecho a decidir en base al conocimiento y a la veracidad en los contenidos. Los medios válidos no sobreviven sin públicos excelentes.

Contra algo

Maestros relevantes insisten en que si no indignas a alguien con tus textos, es que haces mal tu trabajo. Dejé de escribir en Levante-EMV porque mis columnas de opinión eran incómodas. Se rompió el compromiso-contrato verbal que establecimos y se me invitó a abandonar la dedicación de muchos años. Vuelvo convencido por la nueva dirección de Joan Carles Martí, en la confianza de que esta etapa será positiva para el periódico y para los lectores. Los periodistas, en su carrera profesional, tienen el ánimo maltrecho entre amenazas, chantajes y extorsiones que provienen del ámbito político y del empresarial. Los señores del poder y del dinero, a veces juntos o separados, se sienten con derecho a entrometerse en la línea editorial de los medios y emiten vetos contra los que escriben y opinan. Hay periodistas obedientes y otros supeditados para acercarse a La Moncloa. Hay analistas y opinadores que desde su independencia resultan incómodos a los que mandan. Sólo interesas si claudicas. Hay periodistas que se adscriben, por voluntad o por conveniencia, a grupúsculos y afinidades ideológicas que les reportan sentimiento gregario. El fraude informativo para lectores y audiencias es la falsedad y la confusión. Sabemos que la información fiable y documentada ha de ser costosa. Es el público quien ha de optar entre el autoengaño o la veracidad informativa.

Sin freno

Los periodistas, escribidores incómodos, albergan en su historial un bagaje de encontronazos, desplantes, intromisiones y amenazas. Se requiere valor para resistir los infinitos miedos que nos acechan. La sociedad desconoce que le cercenan el derecho de los ciudadanos a estar informados. Puede ser que el truhán tome forma de president de la Generalitat (Zaplana o Ximo Puig), presidente del Consell Jurídic Consultiu (Vicente Garrido), de presidente de la Cámara de Comercio (Arturo Virosque), de la patronal dominante (Pedro Agramunt, Federico Félix o Jiménez de la Iglesia) e incluso de mercenario de la alcaldesa Catalá que coacciona como sicario del exconseller de Sanidad (Manuel Llombart Fuertes) para intimidar al periodista. Los grupos de presión ejecutan sin avisar. Los políticos de todo color, después de varios intentos, no se atreven a legislar la naturaleza de los lobbies para establecer su registro oficial y señas de identidad. En la Unión Europea están regulados desde hace años y en España, tras varios intentos, el poder real de los que mandan entre bambalinas prevalece sobre la dócil autoridad de los poderes legislativo y ejecutivo. Política y dinero se enredan demasiado entre nosotros.

Por el mundo común

La escritora Mariam Martínez-Bascuñán, en su intenso libro: El fin del mundo común, compara la función del periodismo con la Ilíada de Homero, imparcial entre Héctor y Aquiles por el dominio de Troya. Se basa en el conocimiento transmitido por algunos ‘profetas’ de calado en la profesión periodística: Hanna Arendt, Albert Camus o Georges Orwell, para señalar que el camino hacia la decencia y la honorabilidad no hay más que seguirlo. Arendt insiste en que en el desequilibrio entre los hechos y la desinformación, la imparcialidad no ha de confundirse con la equidistancia. La verdad ha de prevalecer. Quien no quiera riesgos que abandone a tiempo el oficio. No es sencillo llegar al final de la senda sólo con rasguños vitales. El compromiso a salvo, sin esenciales concesiones a la debilidad humana.

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