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Opinión

Del Consejo Consultivo de Fundación por la Justicia y directora del área Derecho Público de la Universidad Internacional de La Rioja

Defender la naturaleza es defendernos

Antonio Vercher Noguera

Antonio Vercher Noguera

Cada 22 de abril, el Día Internacional de la Madre Tierra nos invita a detenernos y reflexionar sobre la relación que mantenemos con el planeta. No solo porque dependemos del agua, del aire, del suelo y de la biodiversidad para vivir, sino porque, con demasiada frecuencia, seguimos actuando como si la naturaleza fuera una realidad ajena, subordinada por completo a nuestros intereses.

Durante demasiado tiempo hemos normalizado un modelo de desarrollo que ha tratado el medio ambiente como una fuente inagotable de recursos. Sin embargo, la crisis climática, la contaminación y la degradación de los ecosistemas nos recuerdan con claridad que los límites existen y que traspasarlos tiene consecuencias directas sobre la salud, la economía, la convivencia y los derechos.

Por eso, hablar hoy de la Madre Tierra es hablar también de responsabilidad. De responsabilidad individual en nuestros hábitos cotidianos, pero también de responsabilidad colectiva, institucional y política. La protección del medio ambiente exige concienciación, prevención, normas eficaces y compromiso público. Exige, además, personas capaces de sostener esa defensa en el tiempo, incluso cuando hacerlo supone ir a contracorriente.

En este contexto, la celebración de este año está inevitablemente marcada por la ausencia de Antonio Vercher Noguera. Nos dejó hace apenas unos días, pero su legado sigue siendo una referencia imprescindible. Fue el primer fiscal de Medio Ambiente y Urbanismo de España y una figura decisiva en la consolidación de la protección jurídica del medio ambiente en nuestro país. Durante dos décadas estuvo al frente de una estructura fundamental para perseguir los delitos ecológicos y urbanísticos, y contribuyó a situar la defensa del entorno en el lugar que merecía dentro de la agenda pública y jurídica.

Pero su aportación fue mucho más allá del cargo. Antonio Vercher fue un pionero y su presencia constante en periódicos, artículos científicos y libros ayudó a reforzar una idea que hoy resulta ineludible. El deterioro del medio ambiente no es un asunto periférico, sino una amenaza directa para la vida y para el futuro. Mirar hacia otro lado ante la agresión a los ecosistemas significa debilitar las bases mismas que sostienen nuestra existencia.

Tenía, además, una capacidad extraordinaria para explicar lo complejo con claridad y para despertar conciencia. Para quien escribe estas líneas fue también un maestro y un amigo. En una de nuestras últimas conversaciones me envió un artículo en el que analizaba una sentencia del Tribunal Supremo sobre la electrocución de aves. En ese texto reaparecía, como preocupación constante en su trayectoria, la insuficiencia de la respuesta pública ante los daños ambientales y la distancia, todavía demasiado frecuente, entre los discursos institucionales y la voluntad real de proteger el medio ambiente.

Esa misma inquietud estuvo muy presente en su colaboración con Fundación por la Justicia. En el XV Humans Fest, el Festival Internacional de Cine y Derechos Humanos de València, tuve la suerte de compartir con él una charla sobre la evolución de la protección jurídica del medio ambiente y sobre la importancia de la concienciación social. Antonio habló entonces con la claridad que le caracterizaba y dejó una idea que conviene no olvidar: la protección del medio ambiente está íntimamente ligada a la percepción social de su necesidad, porque el derecho responde a aquello que la sociedad considera importante proteger.

Por eso su ausencia se hace notar también en el debate público. Antonio Vercher deja un vacío en una sociedad que necesita más conciencia ambiental y un compromiso más firme con la defensa de nuestro planeta. En una fecha como esta, la mejor manera de honrar su memoria no es solo recordarlo, sino continuar el camino. Seguir educando, reclamando, protegiendo y construyendo una cultura cívica que comprenda que cuidar la Tierra es cuidar la vida.

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