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Opinión

Universitat Politècnica de València

Elegí mal día para viajar en Cercanías

En una década, mi trayecto ha pasado de tardar 36 minutos a rozar la hora. Entre enero y abril de 2025, el canal de WhatsApp de cercanías Valencia llegó a declarar una media de 6 incidencias diarias en la red

Aglomeraciones trenes de cercanías masificados en la estación del Norte de Valencia. ESTACIÓN DEL NORTE . TRENES DE CERCANÍAS . ADIF . QUEJAS DE LOS USUARIOS POR LAS DEMORAS. CANCELACIONES Y EL HACINAMIENTO DE LOS PASAJEROS

Aglomeraciones trenes de cercanías masificados en la estación del Norte de Valencia. ESTACIÓN DEL NORTE . TRENES DE CERCANÍAS . ADIF . QUEJAS DE LOS USUARIOS POR LAS DEMORAS. CANCELACIONES Y EL HACINAMIENTO DE LOS PASAJEROS / Francisco Calabuig / LEV

Comienzo este artículo desde un tren de la línea C2 de Cercanías de Valencia, el que tomo cada día a las 6:15 para desplazarme a mi lugar de trabajo, la Universitat Politècnica de València (UPV). Una vez más, el tren va a rebosar, y he sido uno de los afortunados en poder sentarme cuando he subido en Carcaixent, todavía a nueve paradas de mi destino. Para los no iniciados, esto supone estar de pie en un trayecto de entre 48 y 56 minutos, según hora oficial, que con frecuencia supera la hora. Una forma fantástica de llegar al lugar de estudio o de trabajo relajado.

Imagino que lo que pasa por la mente de todas las personas en el tren debe ser algo parecido, como diría el jefe de la torre de control de la película Aterriza como puedas (1980): "Elegí mal día para usar Cercanías". Estudiantes conectados a los auriculares, trabajadores cargados con herramientas, personas funcionarias de charla con sus compañeros habituales.... Todos resistiendo al sueño, compañero de viaje ineludible a estas horas.

Según datos recientes, Cercanías de Valencia desplazó en 2024 a unos 20,9 millones de personas anuales, es decir, 57.000 personas cada día. Las motivaciones son diversas: necesidades laborales o de asistencia médica en hospitales, ahorro frente al coche (especialmente tras el repunte en el precio de combustible con la guerra en Irán), comodidad para llegar al centro de la ciudad por trabajo o por ocio, o incluso por concienciación medioambiental.

El preocupante estado del tren ha pasado fugazmente por los medios de comunicación a raíz de los trágicos accidentes de Adamuz o de Rodalies de Cataluña, que lamentablemente pueden acabar pareciendo dos hechos puntuales. Pero el problema diario sigue, aunque ya no resuene tanto en los medios de comunicación. Cancelaciones inesperadas, averías en trenes o fallos de catenaria, tramos donde se circula a 10 km/h, robo de cableado, y un sinfín de sucesos que daría para un reality televisivo ferroviario.

En una década, mi propio trayecto ha pasado de tardar 36 minutos a rozar la hora. Entre enero y abril de 2025, el canal de WhatsApp de cercanías Valencia llegó a declarar una media de 6 incidencias diarias en la red, incluyendo obviamente días de desesperante bloqueo de la infraestructura, con el consiguiente daño a la vida diaria de quienes la utilizan y, de forma bastante directa, a la productividad de la sociedad valenciana en términos de tiempo perdido.

Mientras, Renfe publica en su web niveles de satisfacción en 2023 cumpliendo los objetivos de la Norma UNE-EN 13816, y se congratula de que “el 100 % de los usuarios realizaron su viaje con un nivel de ocupación inferior a 4 viajeros por metro cuadrado"… Sí, ha leído bien, 4 viajeros por metro cuadrado, cifra lamentablemente alcanzada con demasiada frecuencia.

El empeoramiento del servicio ha ocurrido en gobiernos de todos los signos, resultado de políticas de transporte centradas en lo aparente más que en lo necesario. Lo aparente es la alta velocidad, a la que todo el mundo mira con admiración, pero que suponía en enero de 2024 solamente el 10 % de los desplazamientos a nivel nacional. Lo urgente son las Cercanías, lo que mueve a la gran mayoría. Un reciente estudio de la UPV muestra que un aumento en la frecuencia y la mejora del servicio de Cercanías implicaría la mejor conectividad de unas 1.600 personas UPV, un 6% de la comunidad UPV residente en varios municipios del área metropolitana de Valencia.

En un momento en el que se intenta fomentar el uso del transporte público por la crisis climática, energética y por racionalidad de recursos, el gobierno ha reducido de forma encomiable los precios de los billetes. Ello ha generado un efecto llamada que la infraestructura no puede absorber sin las adecuadas medidas públicas. Afortunadamente, frente a otros males mayores, esta es una situación de fácil solución. No hay que desarrollar soluciones tecnológicas complicadas, ni poner de acuerdo a partes enfrentadas, simplemente hay que aprovechar infraestructuras ya construidas, racionalizar horarios y recursos disponibles. Y obviamente poner en juego la voluntad política para invertir en trenes, personal y mantenimiento de la infraestructura. Y esta voluntad se vio actuar tras la DANA, cuando se pusieran todos los medios para recuperar las vías destrozadas de diversas líneas en un tiempo récord.

La buena o mala suerte es que somos un sector de usuarios poco dado a la protesta social. Ha habido movimientos reclamando mejoras en los servicios, sobre todo alrededor del año 2022 con Raquel Sánchez como ministra de Transportes. Pero pese a todo, la gente sigue pasando sueño entre apretones y cancelaciones, discusiones con quien está literalmente encima y pagando con tiempo de su vida un precio infinitamente mayor que el del billete de tren. De momento, sigue siendo una mala decisión la de usar Cercanías Valencia para cada una de las personas que estamos aquí. La alternativa de usar el vehículo privado es demasiado atractiva. Pero las carreteras tampoco están mucho mejor… Continuará.

José María García Oliver es catedrático en la UPV

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