Opinión | Bolos
Raimon no merece otra pelea partidista
El Consell retira la ayuda para el Centre Raimon d’Activitats Culturals en Xàtiva y Ens Uneix destina un millón de la Diputación para evitarlo

Raimon y Annalisa, junto al alcalde Roger Cerdà, en el exterior del Museo de Bellas Artes de Xàtiva. / PERALES IBORRA
La vicepresidenta de la Diputación de Valencia, Natàlia Enguix, ha dejado escrito aquí que en política no se debe perder tiempo en rivalidades partidistas que perjudican a la nostra gent. La diputada de Ens Uneix cuestionaba en su artículo, “No permetrem que se silencie Raimon”, la decisión del Consell del PP de dejar sin efecto la ayuda para la reforma del antiguo convento de Santa Clara de Xàtiva con el fin de construir el Centre Raimon d’Activitats Culturals. Estoy seguro de que el president Pérez Llorca ha cantado más de una letra del cantautor valenciano, aunque fuera en sus años de estudiante en Ontinyent. Incluso puedo imaginar que se enteró, por su vicepresidente José Díez, hijo de Xàtiva, del intento de abortar el proyecto estrella del alcalde Roger Cerdà, posible rival socialista por la alcaldía.
Utilizar la memoria de Raimon y su indudable compromiso democrático en los tiempos oscuros del franquismo en una pelea partidista resulta feo, pero además privar a la ciudad que lo vio nacer del enorme legado artístico, bibliográfico y sonoro del cantante se adentra en una deriva trumpista que Xàtiva no merece. Porque, además de incurrir en la falta de respeto a una de las voces decisivas de finales del siglo XX, deja a los pies de los caballos a toda una generación que celebró el fin de los vetos en función de lo que se escribía, y más aún si era en la lengua de los Borja.
Pérez Llorca debe saber, con solo preguntar a su amigo Daniel Sirera, que Raimon fue además uno de los artistas más vapuleados por el independentismo al oponerse a la involución que suponía lo que se conoció como el Procés. Por cierto, ahora las juventudes de Junts boicotean al escritor barcelonés Eduardo Mendoza por el simple hecho de reclamar que el día de Sant Jordi pase a denominarse Día del Libro. Más inclusivo, a ojos de cualquier ilustrado, o eso me parece.
Raimon y Mendoza, además de vecinos, forman ya parte de nuestra memoria democrática, esa que defiende la diputada provincial Enguix, que ha corregido la malicia de sus socios con una partida para continuar el proyecto. Un millón a cambio de ni una mínima crítica al Consell del PP, como si Ens Uneix tampoco fuera d’eixe món.
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