Opinión | Bolos
El Veles e Vents exige más ambición
La falta de un centro de innovación de prestigio evidencia las carencias de València para atraer talento tecnológico de alto valor añadido

Ilustración del Veles e Vents / ChatGPT
Los seleccionados para la gigafactoría de Sagunt deben formarse durante más de dos meses en China. Van fuera para adquirir un conocimiento e innovación que nos falta aquí. Lo que evidencia hasta qué punto necesitamos mejorar en tecnología de última generación, la que es decisiva para nuestras empresas en el actual contexto geoeconómico.
Pensaba que nuestro distrito tecnológico, la Marina de València, estaba más preparado para ese papel. Por eso, cuando María José Catalá ha anunciado en el consejo de administración de la Autoridad Portuaria de València (APV) que en los próximos días recibirá el proyecto definitivo del Parque de Desembocadura sin la conversión del edificio Veles e Vents en un centro de innovación, lo que se constata es que todavía nos falta recorrido para lograr que el talento venga aquí.
Nada que objetar a la necesaria conexión del Jardí del Túria con el mar, con zonas verdes, carril bici, mirador sobre la desembocadura, parques infantiles, anfiteatro, espacio de esparcimiento canino, pasarelas e islas fluviales. Ese ámbito, junto a la Marina y tan reivindicado por los vecinos de Natzaret, puede convertir la fachada marítima en una de las grandes áreas metropolitanas. Pero sigue sin aclararse el uso del Veles e Vents, más allá de trasladar su gestión al área municipal del Palau de Congressos para una actividad económica asociada.
Y ahí está precisamente la cuestión. Ese edificio está llamado a mucho más que a ser una sede de administración externalizada. Sobre todo porque, con la ampliación de Marina de Empresas y con el ecosistema innovador del que dispone, el Veles e Vents debería atraer nuevas propuestas de alto valor añadido para reforzar la proyección internacional de València.
Hay ideas. Lo que hace falta es decisión para ejecutarlas. Solo así la agenda valenciana podría convertirse en una cita obligada para las grandes tecnológicas, esas compañías que desarrollan productos de alto valor añadido y compiten por el talento global. Y si, además, la APV, Parc Sagunt, Volkswagen y la Marina empezaran a actuar en una misma estrategia, València tendría un relato económico irresistible. Lo demás es seguir administrando espacios sin atreverse a pensar la metrópoli.
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