Opinión | El falso nueve

Periodista
De carrerilla y fuerte por el centro

Marrero fue el héroe de la final de Copa ante el Atlético / José Manuel Vidal / EFE
Ahora que asoma una tendencia para el regreso de las agendas físicas, en papel, con esa oportunidad maravillosa de poder escribir con lápiz e incluso borrar con goma ninguneando al teclado de nuestro día a día y, por lo tanto, con la opción de tenerlo todo perfectamente planificado y ordenado, me ronda por la cabeza saber cuánto hay de improvisación en las tandas de penaltis.
El modelo de día de partido, y obviamente de una final de Copa del Rey, lo tenemos tan instaurado que hemos olvidado lo de antes. Remember when. Aquellos periodistas pisando el verde y metiendo el micro a destajo previo a la tanda en el Real Sociedad-Atlético de Madrid de la 86-87. Entonces el árbitro, Ramos Marcos, tuvo que pedirle al portero Abel que viera el primer lanzamiento de su equipo, si él quería, tumbado en la playa, pero por lo menos ¡fuera del área! Una pose del portero inaudita.
Mientras el pasado sábado los dos equipos formaban con los suyos perfectamente alineados para sufrir el desenlace de la final de Copa, mucho antes, en la tanda en la que en su día Arconada paró el penalti decisivo a Quique, Luis Aragonés asistía a la acción trascendental también tumbado en el césped o se cayó al perder. Curioso que tanto Quique Setién como López Ufarte se quejaran entonces de lo inapropiado de solucionar las finales con la suerte de las penas máximas. Por resolver.
De carrerilla, igual que en el 86-87, era uno de los modos más habituales de lanzar penaltis en la temporada 93-94. Aquel Zaragoza-Celta, con el peculiar Cedrún en una portería y Cañete en la otra. Viendo la parada decisiva de Cedrún a Alejo sorprende su confesión de que siempre se tiraba dos veces a la izquierda y tres a la derecha, daba igual la tanda y el rival. Y esa revelación todavía genera más dudas sobre el modus operandi de ese momento de clímax.
Barrenetxea reconoció tras ser campeón de Copa el sábado que la Real apenas habían ensayado los penaltis. Parece que todo va al libre albedrío de intangibles como: sensaciones, confianza, intuición, temores, valentía, inconsciencia… Y acabó su declaración con un “a Marrero le ha puesto cachondo parar en ese fondo”, donde estaba su afición.
Si lo piensas. ¿Hasta dónde ensayas? Que vas a tirar el primero, el decisivo para seguir con vida, el intrascendente pero necesario, el que sin ser la estrellita del equipo te toca enmendar su error previo, el último de la fila…
Obvio que puedes estudiar cómo los tiran unos y cómo intentan pararlos los otros, pero ¿nada más? ¿Y quién se atreve a corroborar cuándo es más mérito o demérito del que lanza o del que detiene? Dos rojiblancos, un ex realista y el del “doble toque” de un penalti histórico, fallaron. Los dos consagrados delanteros goleadores se toparon con la pierna izquierda y con los dos brazos de Unai Marrero, el cachondo. Estaba ya todo hecho. Solo sortear los amagos de Musso de descentrar, y apelar a la lírica poética, escrita con lápiz carbón, de que aquel primitivo recogepelotas, Pablo Marín, marcara el definitivo, incluso de carrerilla y fuerte por el centro, o sea de trallón. Tiró a colocar.
PDT.- La incorporación de la RFE Cam en la oreja izquierda del árbitro Alberola Rojas en la final sirvió para enriquecer el producto televisivo. Ojalá venga para quedarse. Lo que el ojo sí ve.
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