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Posverdad
Aunque siempre ha existido la desinformación en política, especialmente en épocas bélicas, internet ha propiciado el incremento vertiginoso de esta herramienta tecnológica como arma psicológica e híbrida

Fake news. / Jesús Hellín / Europa Press
Una de las consecuencias más graves de la desinformación es la repercusión que tiene o puede tener en la opinión pública al manipular las creencias y emociones individuales, sustituyendo los hechos objetivos por sensaciones personales. Es decir, la imposición en la opinión individual y colectiva de una verdad alternativa o construida, suplantando a la verdad misma. Esta distorsión deliberada de la realidad es conocida como posverdad.
La posverdad es un fenómeno que se produce en un sistema democrático, puesto que en él pueden coexistir verdades diversas gracias a la denominada democracia procedimental, conjunto de reglas y procedimientos que se emplean para recoger la opinión o voluntad de la ciudadanía, entre los que sobresale en este sentido la libertad de expresión. Donde no se respeta esta libertad, no existen verdades alternativas a la verdad imperante y autocrática.
Manipulación de las emociones
El populismo, tanto de derechas como de izquierdas, se sirve de la posverdad para influir en los estados de ánimo y creencias íntimas de las personas a través de las emociones (miedos, incertidumbres, sensación de fragilidad), arrumbando a los ideales, y enfatizando la polarización y la desestabilización a través de un discurso maniqueo.
Una vez asumido este discurso maniqueo por el individuo como propio, resulta muy difícil variarlo por cuanto la información posterior no será procesada reflexivamente, sino que será percibida como una validación inconsciente de las creencias preexistentes, un sesgo cognitivo conocido como razonamiento motivado. Esta percepción, por tanto, suplantará a la realidad, lo que puede tener paradójicamente consecuencias reales.
«Un prejuicio, a diferencia de una idea equivocada, es activamente resistente en todas las pruebas que lo intentan desmentir», advierte el psicólogo Gordon W. Allport. Mark Twain dijo algo parecido: «¡Qué fácil es hacer que la gente crea una mentira, y qué difícil deshacer ese trabajo!». La mentira cuenta con la ventaja de que le basta expresarse con una frase corta y contundente, mientras que la verdad precisa un mínimo de argumentación. Ante la afirmación de la Tierra es plana, para quien se lo haya creído y no tenga muchos conocimientos, no bastará con que se le diga la Tierra es redonda, sino que habrá que demostrárselo con algún ejemplo (horizonte curvo, silueta de la Tierra en la Luna durante un eclipse, etc.). Y esto requiere más tiempo y razonamiento, algo que no siempre el que escucha está dispuesto a valorar, sobre todo cuando la mentira se ha generalizado merced al efecto de bola de nieve.
Desconfianza creciente
La mayoría de los ciudadanos duda de la independencia periodística, ya que creen que los medios de comunicación anteponen sus opiniones políticas e intereses comerciales a la información imparcial. En España, el 37 % de los españoles evitaba en 2024 las noticias al menos ocasionalmente. De los que siguen interesados en informarse, son mayoría quienes lo hacen por internet como única opción y bastantes los que lo hacen buscando una segunda opinión. Según encuestas recientes, España figura entre los países con mayor percepción de exposición a contenidos falsos o engañosos. Un 40 % de los españoles encuestados aseguran estar expuestos a contenidos falsos o sesgados a menudo o muy a menudo, y otro 40 % de vez en cuando.
El infotainment (neologismo inglés formado por information y entertainment), traducido al español como infoentretenimiento, fue definido en los años 80 como la representación periodística de la realidad de manera sensacionalista, mezclando información y espectáculo. Como consecuencia de ello, la realidad se ofrece distorsionada por el humor, la exageración o la ficción. Aunque comenzó en medios televisivos, el infoentretenimiento también ha llegado a la prensa digital, socavando aún más la credibilidad de los medios de comunicación.
Según un estudio realizado en agosto de 2024, la televisión es el segundo medio que emite más noticias falsas, siendo las redes sociales las que encabezan la lista: redes sociales 56,9%; televisión 34,3%; influencers o youtubers 25,2%; periódicos solo digitales 18,4%; periódicos en papel y digital 16,8%; blogs y foros 11,7%; radio 6,8%, y podcasts 3,8%.
La desinformación en la guerra híbrida
Esta desafección creciente hacia los medios de comunicación tradicionales y la facilidad con la que la desinformación es consumida en las redes sociales ha alcanzado cotas peligrosas para la estabilidad democrática en todo el mundo.
Aunque siempre ha existido la desinformación en política, especialmente acentuada en épocas bélicas o de grave confrontación como la que se produjo durante la denominada Guerra Fría, internet ha propiciado el incremento vertiginoso de esta herramienta tecnológica como arma psicológica e híbrida durante los últimos años. Es por ello que los gobiernos nacionales y supranacionales están tomando medidas al respecto, tratando de poner en funcionamiento efectivos escudos contra la desinformación. La Unión Europea, por ejemplo, aprobó el 13 de marzo de 2024 el Reglamento del Parlamento Europeo y del Consejo sobre transparencia y segmentación en la publicidad política y la Comisión Europea prepara un repositorio europeo de anuncios políticos online y una red de puntos de contacto nacionales, en la que se incluirán plataformas ya existentes, como EUvsDisinfo, en funcionamiento desde 2015 y que en junio de 2025 llevaba documentados más de 19.000 casos de desinformación recopilados y desmentidos.
Aunque los actores de creación y difusión de noticias falsas más notorios siguen instrucciones del Gobierno presidido por Putin, es el chino el que mayor cantidad de recursos invierte con el objetivo de influir en la opinión pública de otros países por medio del control del relato político y económico que más le interesa. En octubre de 2022 ya lo advirtió Bruno Kahl, jefe del servicio de inteligencia exterior alemán: si «Rusia es la tormenta, China es el cambio climático», en referencia a la amenaza de una desestabilización democrática.
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