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Opinión

València

Vuelve a ser pertinente el antiguo eslogan 'OTAN no, bases fuera'

Que Trump se vaya de la OTAN, que se lleve a su amigo Rutter y nos deje a los europeos organizar nuestro futuro sobre unas nuevas premisas en las que nuestro antiguo aliado y protector ha dejado de serlo

Donald Trump en una imagen de archivo de la OTAN.

Donald Trump en una imagen de archivo de la OTAN. / Levante-EMV

El viejo eslogan de los progres de los años ochenta, tan cacareado en las numerosas manifestaciones del momento, está recobrando la actualidad ante el sinsentido de las amenazas de Trump y el contexto político del momento. La pertenencia a la OTAN y las bases norteamericanas en España parece que van en el mismo lote, pero son cosas distintas. Es necesario hacer un poco de historia para poner cada cosa en su lugar.

Las bases de EEUU en España fueron una concesión de Franco al presidente Eisenhower en el año 1953, en plena tensión bélica con la URSS, con el objetivo de romper el aislamiento internacional de nuestro país y recibir ayuda militar y económica norteamericana. La realidad es que Franco vendió la seguridad de nuestro país por unos contenedores de leche en polvo, que los niños de la época recibíamos en las escuelas como complemento alimenticio, unas latas de carne de vaca y un material militar obsoleto, la mayoría proveniente de la guerra de Corea. El pacto quedó ratificado con la visita del presidente norteamericano a Madrid en el año 1959, que simbolizó la rehabilitación definitiva del franquismo tras años de ostracismo y la aceptación de España como aliado de los Estados Unidos. Pocas personas eran conscientes del riesgo que corrieron ciudades como Madrid por la base de Torrejón o Zaragoza, si hubiese habido una confrontación nuclear con la URSS. Los bombarderos americanos estaban permanentemente volando cielo español cargados con bombas nucleares, y el accidente de Palomares en el año 1966 fue fiel reflejo de este riesgo. Por ello era normal que la gente informada y concienciada de los años ochenta se opusiese y manifestase contra las bases, por el servilismo y el riesgo que entrañaba para nuestro país, a cambio de unas migajas.

Lo de la OTAN es otra historia, pues el PSOE se oponía desde el principio a entrar en esta alianza militar tan poco necesaria para nuestro país, pero la cosa cambió cuando el gobierno de Calvo Sotelo nos metió en dicha organización en 1982 sin necesidad, sin consenso parlamentario y en contra de la opinión mayoritaria de la población. Felipe González dijo que nos sacaría de la OTAN mediante un referéndum, pero cuando llegó al poder vio que no era lo mismo salir que no entrar. Las presiones de la Unión Europea fueron decisivas, y de una u otra forma se nos dijo que si queríamos Mercado Común no podíamos salir de la organización militar. El giro fue copernicano y el referéndum prometido se tuvo que hacer, pero en este caso pidiendo el gobierno socialista permanecer en la OTAN. Se ganó por un escueto 56 % de los votos, pero permitió salvar los muebles al gobierno y nos abrió las puestas de Europa. Desde entonces España ha sido un socio responsable y cumplidor, aportando bases, territorio y misiones internacionales con solvencia.

Pero la situación ha cambiado radicalmente con el gobierno de Trump, en la medida que nos exige un servilismo total, con unas bases al servicio de sus intereses agresivos hacia otros países, un incremento del presupuesto militar hasta el 5 % del PIB, con el objetivo principal de que se compre el carísimo armamento de las empresas estadounidenses, la amenaza de invadir Groenlandia, que forma parte de Dinamarca, que a su vez es territorio OTAN, o la afirmación de que como no hemos intervenido en la guerra contra Irán, nos dejará abandonados ante cualquier necesidad de defensa.

En estas circunstancias, ¿para qué queremos tener bases americanas en nuestro territorio que ponen en riesgo nuestra integridad o pertenecer a una alianza militar que no va a cumplir su cometido de defensa? Creo que es el momento de que los países europeos se planteen una alianza militar defensiva, con un ejército propio, potenciando la producción de armamento en nuestro continente, pero limitando la inversión en defensa al 2 % del PIB, que es más que suficiente para contener una amenaza convencional rusa. Si esta fuese nuclear, poco habría que hacer más allá de activar la respuesta nuclear de países como Gran Bretaña y Francia que ya disponen de armas nucleares.

Trump acaba de plantear la posibilidad de retirar a EE UU de la OTAN y cerrar algunas de las bases europeas, especialmente en países que no han colaborado en la guerra, como España y Alemania. Las ocasiones las pintan calvas pues a enemigo que huye, puente de plata. Que se vaya, que se lleve a su amigo Rutter y nos deje a los europeos organizar nuestro futuro sobre unas nuevas premisas en las que nuestro antiguo aliado y protector ha dejado de serlo para convertirse en alguien que nos desprecia, desea nuestro fracaso y pretende convertirnos en sus siervos.

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