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Opinión | Bolos

Director de Levante-EMV

Sin acuerdo de prioridad vecinal

El potencial ocio nocturno en València necesita una regulación consensuada que evite la imposición de medidas restrictivas

Una recreación de L'Umbracle, la mejor terraza nocturna de València.

Una recreación de L'Umbracle, la mejor terraza nocturna de València. / ChatGPT

Si la autoridad competente no lo impide, la mejor terraza nocturna de València abrirá esta noche. L’Umbracle, el gran jardín central de la Ciutat de les Arts i les Ciències (Cacsa), ofrece probablemente la noche más cosmopolita de esta orilla del Mediterráneo. Ya sea por su elegante mobiliario, por sus esculturas sensuales o por su tenue fosforescencia, es sin duda uno de los grandes atractivos urbanos para vecinos y forasteros que buscan intimar a la luz de la luna. Más allá de la comentada sentencia contra el ruido, que condiciona también la celebración de festivales en Cacsa, ha llegado el momento de empezar a ordenar una actividad de ocio con un emergente potencial económico y de dejar de improvisar.

Al exceso de ruido en Les Arts se ha sumado ahora la declaración de ZAS en Russafa, la misma figura que ha llevado a Ciutat Vella a la más absoluta decadencia. A quienes conocimos la verdadera movida del Carmen, pionera de aquella célebre ruta, nos duele el ocaso de esa vitalidad noctámbula que distingue a las mejores ciudades. Años después, y mientras algunos de los que hoy protestan alargaban entonces la marcha hasta el amanecer, seguimos buscando el equilibrio. Y eso que la València de finales del siglo pasado tenía perfectamente perimetrado el viacrucis de la noche: la cena, la primera copa, la segunda, el lío, el after y hasta el desayuno con diamantes. Toda una vuelta por la ronda interior y extramuros, con salida y meta en las inmediaciones del Mercat Central, esa linterna para todos nosotros.

Hoy el momento es otro. También lo son los hábitos y costumbres de los más jóvenes, que se relacionan con el ocio de una manera distinta a la de nuestra generación, y que entiende poco de límites y regulaciones, como se está comprobando en Benimaclet, Cabanyal, Honduras, Malilla, Patraix, Roqueta o la propia Russafa. O empezamos a tejer un gran consenso en el que vecinos y hosteleros pongan sobre la mesa sus prioridades, con el consistorio en función arbitral, o mucho me temo que acabarán imponiéndose tentaciones prohibitivas, al calor de ejemplos como el reciente acuerdo del Parlamento británico, que veta la venta de tabaco y vapeadores a los nacidos a partir del 1 de enero de 2009.

Y ya se sabe cómo terminan las cosas cuando se empiezan a prohibir determinados disfrutes.

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