Opinión | En el barro
La paradoja Morant
Esa es la paradoja de la líder de la oposición valenciana. No convencer, pero mantener viva la expectativa de un cambio posible, real

Diana Morant, ayer, en un acto ante las Corts. / Jorge Gil - Europa Press
La semana del Sant Jordi y el 25 d’Abril es especial. Libros, rosas y algo de orgullo de pueblo, no demasiado, sin fantasías ni fanatismos, pero con conciencia, de identidad y de clase, y de periferia, que es algo más que un concepto geográfico. Los libros son para perdedores, que en algún momento lo somos todos. Las palabras escritas, cuando valen, son para aliviar las heridas que no se ven. Las rosas están para acariciar el sentido de la vida: algo bello y fugaz.
Eso son los libros. La política es otra cosa.
Es extraño una representante de la oposición de la que se escriba más que de los que mandan. Pasa con Diana Morant. Pasa con que es el PSPV, siempre dispuesto a la disección en canal. Llevo tiempo con esta cantinela, así que la primera paradoja hoy no es la de Morant, sino la mía, porque voy a hablar de Morant. Paradoja es una forma dulce de decir contradicción.
Ella, la ministra de Ciencia y Universidades, cumple dos años de secretaria general del socialismo valenciano y líder de la oposición, y continúa siendo una candidata con problemas de reconocimiento dentro y fuera de la casa. No son tanto los índices de popularidad, que con Carlos Mazón en 2023 ya se demostraron que sirven para poco, sino que es difícil encontrar entre los cuadros socialistas a alguien que reconozca en ella a una buena candidata y se sienta identificado con ella. Es respetada por lo que es, porque representa al PSPV, pero no hay un perfil añadido propio que sume un diferencial de atracción. Pero, a pesar de eso, es difícil encontrar a alguien entre esos cuadros que no tenga la convicción de que es posiblemente la única líder territorial socialista que tiene verdaderas opciones de ganar dentro de un año. Decir ganar es decir presidir al lado de Compromís: sumar como sea 50 diputados con una fusión nueva de las izquierdas si Compromís ejerce de paraguas generoso. Esa es la paradoja Morant. No convencer, pero mantener viva la expectativa de un cambio posible, real.
Lo que tiene es poco si se considera que la Comunitat Valenciana ha vivido su peor catástrofe, pero es suficiente para descartar cualquier operación contra ella
Lo que tiene es bastante si se compara con el panorama en el mapa autonómico español, donde lo que se discute ya es la magnitud del batacazo electoral que se dará en Andalucía la número dos del PSOE. Lo que tiene es poco si se considera que la Comunitat Valenciana ha vivido su peor catástrofe natural en medio de una gestión tan deficiente que ha conducido a la dimisión del president tras asumir el PP que la situación era insostenible e insoportable. En un escenario así, la oposición debiera estar saliéndose en los pronósticos y no hay tal. Lo que hay solo es la convicción de que hay partido. Esa es la paradoja Morant. Lo que hay es suficiente para descartar cualquier operación contra la líder, aunque en mesas influyentes se haya alentado la aspiración de un retorno de Puig que ni él mismo pretende en este momento. Lo que hay es suficiente también para tener claro que la partida de la ministra es a una vuelta y sin segundas oportunidades. O ganar o apartarse.
La carrera por la Generalitat va camino de competir con el Óscar a la mejor interpretación de reparto
La paradoja Morant conduce a su vez a un panorama valenciano extraño y poco alentador, por decirlo fino. Las estrellas políticas más populares, reconocibles y aplaudidas en sus filas se concentran en la disputa por la alcaldía de València: Pilar Bernabé, María José Catalá, Mónica Oltra y Vicente Barrera (lo de este último no es oficial, pero está tan extendido que nadie lo cuestiona ya). Mientras, la carrera por la Generalitat va camino de competir con el Óscar a la mejor interpretación de reparto, con un presidente sin el refrendo de un congreso buscando legitimarse en las urnas, una ministra con dificultades para salir de las sombras, un líder de Compromís que parecía hace unos meses en retirada y, posiblemente (eso deslizan en círculos de Vox), una presidenta de las Corts de escaso brillo parlamentario.
Hoy que es 25 d’Abril, un cartel autonómico sin lustre ni protagonismo especial es también una forma de desmerecer eso tan redicho del autogobierno y la institucionalidad. Si el ciudadano desconoce y duda de los candidatos del cartel, ejercerá el voto pensando más en Pedro Sánchez, Núñez Feijóo y Santiago Abascal y menos en los asuntos de aquí. Y eso añade impredecibilidad al horizonte. Esa puede ser la prioridad nacional que sufran los valencianos. Esta es la paradoja Morant y también la de Pérez Llorca (la de Llanos Massó no lo creo, porque en Vox líder solo hay uno).
En lugar de hablar de lo que cuestan las vallas del ‘Juanfran, president’, el no a la financiación autonómica, la huelga de profesores o las cesiones a Vox, hablamos más (y más aún) de Diana Morant. Esa puede ser la pirueta final de la paradoja Morant, que de tanto dar vueltas sobre esa ministra que parece suscitar pocas simpatías, va a resultar bien conocida. Porque en política no vale aquella frase de Orwell de que lo importante no es mantenerse vivo, sino humano. En política, importa mantenerse.
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