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Opinión | El día del señor

València

Cartas sin remite

Ataque aéreo de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) sobre Nuseirat, en la Franja de Gaza (archivo).

Ataque aéreo de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) sobre Nuseirat, en la Franja de Gaza (archivo). / Europa Press/Contacto/Belal Abu Amer

Existen algunas excepciones, razonables, a las que se acogen militares que de otro modo podrían atentar contra la integridad y soberanía de un país cercano, pero que se conforman de grado o a la fuerza con escarmentar vecinos imaginarios o no. Es una especie de derecho de persecución que se mezcla con el atávico derecho de paso y otras derivaciones.

Pues bien, esa es la martingala de la que suelen usar y abusar los efectivos del eficaz ejército israelí que llaman Fuerzas de defensa de Israel. Menos mal que son de defensa, si llegan a ser de ataque exigirían la castración de todos los ciudadanos barones de más de un año de manera que los topónimos mas lustrosos del mapa –Biblos, Tiro, Sidón– desmerecen con su sectarismo, creo que la literatura no es su fuerte, francamente.

Una vez a la vuelta de un viaje por Méjico comenté con una pasajera libanesa el precio que su país ha de pagar aun en el caso de no atacar a los efectivos –escasos–de su ejército 'nacional' formado por un damero de todas las religiones. Le pregunté si algún día podrían dar por hecha la recuperación de su país, bello y atrozmente elegido (y sin llamar a Abraham) y tras pensarlo, añadió:

–Nos toman el pelo, pero puede estar seguro de que no podrán con nosotros.

La tarea que se asigna es poca cosa para gente que inventó el alfabeto, el libro, las colonias comerciales y los muebles con aroma a cedro. Alegarán algunos el derecho de Israel a defenderse. Claro, pero no se puede bombardear con cargas de media tonelada a toda Vizcaya porque haya un comando de ETA o unos guerreros suicidas en el aeropuerto de Beirut. Eso ya suena a arramblar, territorios y cualquier otra cosa, cuando surge la ocasión. Pero cuidado, sin poner el remite, no vayan a cartearse con espíritu de intercambio: correspondencia letal. En otro viaje a Roma reservé mesa en la judería de la caput mundi y disfruté con las alcachofas –enormes– y con los vinos de la Galilea histórica cuando se entreveran con las cepas del Líbano en una operación envolvente, sí.

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