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Opinión | Editorial

L’Albufera no puede esperar

La Directiva Europea del Agua obliga a considerar ríos, acuíferos y humedales como sistemas vivos, no simples recursos disponibles

Imagen de l'Albufera desde el Palmar

Imagen de l'Albufera desde el Palmar / Francisco Calabuig

La Unión Europea obliga a recuperar el buen estado de ríos, acuíferos y humedales, mientras los vertidos al lago evidencian la urgencia de actuar sobre la calidad del agua.

La directiva europea Marco del Agua fijó que los ríos, lagos, humedales y acuíferos deben alcanzar un buen estado ambiental antes de 2027. Más que una recomendación, es una obligación jurídica y ambiental. Sin agua en buen estado no hay equilibrio territorial, agricultura viable, biodiversidad ni capacidad de adaptación al cambio climático.

La Comunitat Valenciana llega a esa fecha con tareas pendientes. Según los datos de la Confederación Hidrográfica del Júcar (CHJ), solo aproximadamente la mitad de las masas de agua de la demarcación alcanza el estado exigido. Los problemas conocidos son la sobreexplotación de acuíferos, los desequilibrios entre entradas y salidas de agua, la intrusión salina en zonas costeras, la contaminación por nitratos y presión de los usos agrícolas, urbanos e industriales. Forman parte de un incumplimiento acumulado que ya ha consumido varias prórrogas.

L’Albufera resume buena parte de esa situación. Es uno de los principales espacios naturales del Mediterráneo y un humedal clave para la Comunitat Valenciana. También es un ecosistema sometido desde hace décadas a presiones que afectan a la calidad del agua, la biodiversidad y el equilibrio entre los usos agrícolas, ambientales y urbanos de su entorno.

La situación reciente en la acequia del Port, en Catarroja, muestra que el problema sigue abierto. Los pescadores aseguran que no hay ni un solo pez cuando se les pregunta por los vertidos aparecidos en las últimas semanas. Explican que no es extraño que, de vez en cuando, lleguen aguas sucias al canal, sobre todo cuando llueve. Esta vez, sin embargo, los vertidos han permanecido más tiempo del habitual y, según señalan, los peces han huido hacia l’Albufera en busca de aguas más limpias.

Estos vertidos pueden provocar anoxia, es decir, falta de oxígeno en el agua. Es el mismo fenómeno que se produce cuando la paja del arroz se pudre en los campos y puede explicar el desplazamiento de la fauna hacia zonas más habitables. La Cofradía de Pescadores alertó de los vertidos hace dos semanas y sostiene que, aunque antes de la dana estas situaciones ya se producían, ahora se repiten de forma continua.

La recuperación de l’Albufera requiere caudales suficientes, saneamiento eficaz, control de vertidos, reducción de nutrientes, coordinación administrativa y una gestión de cuenca que actúe antes de que los problemas lleguen al lago. El humedal necesita agua en cantidad y calidad adecuadas para sostener su función ecológica.

La directiva europea Marco del Agua obliga a considerar ríos, acuíferos y humedales como sistemas vivos, no como simples recursos disponibles para atender la demanda. Ese cambio de enfoque sigue pendiente. Durante años, los planes hidrológicos han diagnosticado los problemas, pero la distancia entre los documentos y la ejecución continúa siendo excesiva. El riesgo es que 2027 se convierta en otra fecha incumplida.

No debería ocurrir. El cambio climático agravará la escasez, elevará la demanda de riego y aumentará la presión sobre acuíferos y zonas litorales. Por eso, cumplir la directiva europea no debe verse como una imposición externa, sino como una condición para proteger el territorio, la salud pública, la agricultura, el paisaje y la economía.

La Comunitat Valenciana no puede llegar tarde de nuevo. El buen estado de sus ríos, acuíferos, lagos y humedales exige inversiones, control efectivo y voluntad política sostenida. L’Albufera debe ocupar un lugar central en esa prioridad. Su deterioro no es solo un problema ambiental, sino una señal de que la gestión del agua necesita pasar del diagnóstico a los resultados.

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