Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | Crónicas de la incultura

València

Ellas

No conozco a nadie que se mantenga irreductiblemente machista, al menos de palabra, y, sin embargo, no hace tanto que eso era lo normal

Imagen de archivo de una manifestación del 8M en València.

Imagen de archivo de una manifestación del 8M en València.

Tengo una nieta de seis años que el otro día me dejó perplejo cuando me dijo: ”Yo creía que las mujeres no conducen, pero estaba equivocada”. Evidentemente dentro de unos años tomará el volante con entusiasmo. Hay ideas que cambian el mundo lentamente e ideas que son como una explosión que convulsiona súbitamente un panorama acomodaticio que ya nunca volverá a ser lo que era. El feminismo es una de estas ideas exprés. No conozco a nadie que se mantenga irreductiblemente machista, al menos de palabra, y, sin embargo, no hace tanto que eso era lo normal. Por ejemplo, la llamada 'licencia marital' era un requisito que obligaba a las mujeres casadas a contar con la autorización del marido para acometer distintas gestiones legales. ¿Qué eso ocurría el año de la nana? No lo crean, la disposición estuvo vigente hasta el 2 de mayo de 1975 y desapareció definitivamente del código civil con la Constitución de 1978 (ley 11/1981). Ello significa que las abuelas de mi nieta pudieron estar sometidas a la licencia marital conforme al artículo 1263 del código civil de 1889, el cual equiparaba la supuesta incapacidad de las mujeres para los actos legales a la de “los menores, los dementes y los sordomudos analfabetos” [sic]. Ya ven, todavía hay un porcentaje de mujeres que han conocido este desamparo legal, el cual subsiste, no hay que decirlo, en muchos países, casi siempre por razones religiosas. Entre ellos destaca el caso de Irán, donde es obligatorio para las mujeres llevar el hiyab desde los siete años, hasta el punto de que se las castiga legalmente con severidad cuando incumplen este precepto. Pero hay muchos más países en la lista negra: Afganistán (donde a las mujeres les imponen la burka, que es peor que el hiyab), Siria, Yemen, Somalia, Qatar, etc, etc. En realidad, medio siglo después de que la ONU declarase la igualdad legal de los dos sexos (1979), todavía se cuentan 173 países en los que se practica la discriminación, según un informe del Banco Mundial. Claro, los países islámicos, me dirán. Pues sí, pero no solo. La India no es oficialmente un país islámico y la suerte de la mujer no difiere en lo fundamental de la que padece en su vecino Pakistán. En Rusia hay hasta 456 empleos prohibidos para las mujeres. En Argentina, se les prohíbe vender bebidas alcohólicas (¿) o conducir trenes de carga. En EE UU, contra lo que pueda parecer, tampoco se ha alcanzado la igualdad de derechos entre hombres y mujeres: es sintomático que hasta ahora no haya habido una presidenta del país, ni siquiera como resultado de las últimas elecciones en las que Kamala Harris se enfrentaba a un verdadero energúmeno. Aún resultará que Irán y EE UU tienen algo en común: es una base para alcanzar un acuerdo en el lío de Ormuz.

España, que en 2007 ocupaba un honroso quinto puesto en la lista de países que ofrecían un entorno favorable para las mujeres, se ha hundido hasta el vigésimo quinto

El feminismo como idea positiva se está imponiendo en el mundo, demasiado lentamente para lo que sería de esperar, pero con avances nada desdeñables. Cuestión diferente es la del rechazo de la violencia de género o violencia sexual (entre paréntesis: como lingüista prefiero la segunda denominación: el género es cosa de la gramática; ya sé que se trata de un calco del inglés, pero en este idioma no existe el género gramatical). La violencia sexual no solo no decae, sino que está alcanzando unos límites casi insoportables. Y la tolerancia de los varones ante algo así constituye algo más que una simple idea, se trata de todo un sistema ideológico que justifica una perversión pura y dura, la cual enturbia cada vez más la convivencia social desde hace demasiados siglos. Sin ir más lejos, el año pasado hubo 48 feminicidios en España, a razón de uno por semana. Según el Índice de Mujeres, Paz y Seguridad (Georgetown University), España, que en 2007 ocupaba un honroso quinto puesto en la lista de países que ofrecían un entorno favorable para las mujeres, se ha hundido hasta el puesto vigésimo quinto. Este desastre tiene dos manifestaciones, los hechos y las sensaciones. Las españolas se sienten cada vez más inseguras. El problema es que no es cuestión de la tópica histeria femenina, se trata de hechos. Cuando consideramos no solo los asesinatos, sino también todas las demás manifestaciones de violencia sexual (señaladamente las violaciones) nos encontramos con que, según la Delegación del Gobierno contra la Violencia de Género, en 2025 este delito se llevó a cabo contra 185.188 mujeres. En solo un año ha crecido el número de denuncias un 2,6 %. Desde luego, la Comunitat Valenciana no puede ufanarse del puesto que ocupamos en el ranking de la infamia: la media nacional de víctimas de violencia de género es en España de 19,2 por cada 10.000 mujeres, pero en la Comunitat Valenciana alcanza a 24, solo por detrás de Canarias y Baleares. ¿De verdad es un chollo la tierra de las flores, de la luz y del amor?

Los símbolos se combaten con símbolos. Por eso les recomiendo encarecidamente que visiten la exposición de la pintora Isabel Oliver en la Fundación Chirivella-Soriano, sita en el Palau de Valeriola, junto a la Lonja y el Mercado Central, aunque no sea de acceso fácil, pues ese maravilloso inmueble está rodeado de vallas y edificios en ruina gracias a la tradicional incompetencia de nuestros gestores municipales. La exposición se titula Cuerpos que huyen. Paisajes de barbarie y es una recreación de los mitos greco-latinos o bíblicos en los que las mujeres huyen de los hombres que las persiguen: Perséfone que logra escapar en primavera del infierno de Hades, la casta Susana que es difamada por dos viejos judíos que aspiran a poseerla y así hasta sesenta cuadros en los que se deconstruyen las convenciones pictóricas de la época de Tiziano y de Rubens representando mujeres exuberantes que, sin embargo, no hacen gala de voluptuosidad alguna sino que huyen despavoridas. No se la pierdan.

Tracking Pixel Contents