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Opinión

València

Madres sin papeles

VALENCIA. VLC. Colas por el comienzo del proceso de regularización en el ayuntamiento

VALENCIA. VLC. Colas por el comienzo del proceso de regularización en el ayuntamiento / Fernando Bustamante / LEV

Recuerdo una película, Criadas y señoras, que me marcó mucho cuando la vi hace ya algunos años. Cuenta la historia de las mujeres negras del sur de los Estados Unidos que criaban a los hijos e hijas de las mujeres blancas en los años 60, señoras que las despreciaban a pesar de confiarles lo más valioso que tenían: sus criaturas. Hay una escena final desgarradora: cuando despiden a una de ellas y no le permiten siquiera despedirse de la niña a la que había cuidado como si fuera su propia hija. Ambas lloran una separación injusta, marcada por la raza, el sexo y la clase, que rompe un vínculo materno nunca reconocido como tal.

Hace unos días, me encontré también por las redes un vídeo de una cuidadora, también negra, que se despedía en un aeropuerto de unos niños a los que había criado, en una escena muy similar a la de la película, aunque en este caso, por lo que entendí, con unos progenitores que parecían afectuosos con la mujer. Sé, por experiencia propia, el fuerte vínculo que esas otras madres establecen con las criaturas a las que arropan y protegen desde su más temprana edad, con quienes, por el tiempo que pasan con ellas, viven momentos clave de su desarrollo tanto físico como emocional.

En mi casa, Amparo fue una de esas otras madres migrantes que cuidó primero de mis hijos como si fueran suyos en toda la amplia etapa de mi vida profesional en la que llegaba a casa cuando ya había oscurecido. Le estaré eternamente agradecida por su dedicación y compromiso, porque muchas de las cosas buenas que ambos tienen son por influencia directa de ella. Y quizá siempre sentiré que estoy en deuda con esa maternidad prestada, que quizás dejó en segundo plano otros proyectos de vida.

Toda esta reflexión viene con motivo de la celebración, el próximo domingo, del Día de la Madre, una efeméride a la que le sobra mercantilismo y romanticismo. Este año coincide, además, con un proceso de regularización que dará papeles a esas otras madres que cuidan de nuestras criaturas o de nuestros mayores, la mayoría de las veces sin reconocimiento y tratadas como piezas intercambiables. Esas otras madres que han salido de sus países, forzadas por la adversidad, y que muchas veces dejan a sus propios hijos en sus países de origen, renunciando a verlos crecer porque la falta de documentación les impide incluso volver por Navidades. Por eso, regularizar a esas otras madres es una obligación moral que tenemos como sociedad; porque a todas ellas les debemos algo más que unas flores.

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