Opinión | Bolos
El PNV y la tentación valenciana
La incomodidad de los nacionalistas vascos con el Gobierno de Sánchez concita simpatía por aquí

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el presidente del PNV y exportavoz en el Congreso, Aitor Esteban, durante en Moncloa. / José Luis Roca
Tal como crece el número de admiradores del PNV entre las élites valencianas, pronto se quedará pequeña su sede en Benidorm, uno de sus pocos batzokis fuera de Euskadi, abierto por la alta concentración de militantes y residentes vascos en nuestra capital turística. Si contara las veces que he oído que los valencianos necesitan un partido como el PNV —más por su influencia decisiva en Madrid que por su ideario nacionalista—, me llevaría un buen rato. Lo traigo porque, o mucho me equivoco, o los peneuvistas han decidido iniciar su desconexión del PSOE de Pedro Sánchez.
La última excusa puede ser ese meme socialista sobre el piscinazo de Aitor Esteban, pero me da que la verdadera razón es la incomodidad que genera en un partido de orden como el PNV apoyar a un Gobierno roto por dentro —lo de Sumar roza ya el esperpento— y sin mayoría parlamentaria para casi nada. Pero, sobre todo, porque necesita alejarse de la corrupción casposa de Ábalos, Koldo y Aldama, a la espera de las declaraciones del exministro valenciano y de su asesor navarro en el Supremo. Conviene recordar que fue el propio Ábalos quien ligó el apoyo imprescindible del PNV a la moción de censura que tumbó a Rajoy y llevó a Sánchez a la Moncloa.
El entonces portavoz nacionalista vasco y ahora jefe supremo, Aitor Esteban, justificó el voto a favor del candidato socialista por la corrupción que atenazaba al PP. Eso, después de haber aprobado los últimos presupuestos de Rajoy. Así que, si el PNV deja aún más en minoría a Sánchez, como parece, estamos a nada de escuchar panegíricos sobre su condición moderadora de la vida democrática española por parte de los mismos que lo demonizaban cuando formó parte de aquella heterogénea mayoría plurinacional que difícilmente volverá a repetirse.
Por eso, cuando oigo que falta una vía valenciana a lo PNV, siempre digo que en eso está Joan Baldoví, que se dio a conocer con una alcaldía transversal en Sueca gracias al apoyo del PP. Entonces me responden que eso fue antes de que el antiguo Bloc matrimoniará con Podemos. Y la verdad es que el bueno de Baldoví cayó en los encantos de Ione Belarra y compañía. Un fallo sistémico.
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