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Opinión | Bombeja Agustinet!

El Armagedón del Madrigal

Los jugadores del Levante celebran uno de los tantos en 2011

Los jugadores del Levante celebran uno de los tantos en 2011 / L-EMV

El decepcionante encuentro firmado en Cornellà ha vuelto a poner al Llevant en una situación límite, en su batalla, contra el reloj y contra los elementos, por salvaguardar la categoría. Un equipo que se juega la permanencia no puede plantarse fuera de casa sin determinación y, en el caso de unos cuantos futbolistas, sin arrestos, con una actitud indolente. Más aún ante un rival hundido psicológicamente.

Quince minutos le duró el desparpajo. Luego se echó atrás, contemporizó y se conformó con el empate. Solo en el último suspiro del duelo, al quedarse en superioridad numérica, intentó llevarse los tres puntos. Por eso y porque saltó al campo Carlos Álvarez, ajeno al plan de partido. La falta de fortuna nos arrebató la victoria… pero regalamos 75 minutos a un rival muy limitado. Una lástima que nos trajo al Armagedón de este sábado.

La derrota en Vila-real parece plausible, pero, a falta de cinco partidos, la salvación no pasa por un análisis sesudo de qué rivales son más asequibles. Si Castro y el vestuario piensan así, de hecho, ya estamos en Segunda. Ganar en Villarreal es imprescindible para que no se distancien nuestros rivales y se genere un lastre (de puntos y psicológico) insalvable. El enorme esfuerzo que se ha hecho hasta el momento, llega a su punto álgido en el derbi contra “els groguets”.

¿Se puede ganar? Desde luego.

Este Villarreal, a un paso de certificar su clasificación europea, no es ya el de hace unas semanas. Tiene la calidad intacta, pero es imposible mantener el nervio competitivo cuando el rival se lo juega todo y tú apenas nada. Ya le sucedió en Oviedo (1-1), donde mereció perder. Como cada curso, a estas alturas, y más ante un verano de Mundial, bastantes equipos ya no van a competir como si les fuera la vida.

Justo lo que debe hacer el Llevant. El problema es que, entre los cedidos y los que finalizan contrato, a veces nos cuesta, como ante el Espanyol. En Orriols no se ven estas costuras porque el apoyo de la grada marca el nivel de exigencia de todos. Por eso era tan importante una invasión a Vila-real que se va a quedar a medias. Un millar de levantinos lo verán en directo, pero deberían sonar como 3.000, como una falange dispuesta a agotar las gargantas para exigir un 110% de intensidad. Para ir a por los tres puntos desde el minuto 1. Que cada jugador blaugrana sienta nuestro aliento en el cogote. Sobre todo los lánguidos que se permiten negociar el esfuerzo.

Sobre la germanor, que nadie la espere. A Marcelino, que vistió de blaugrana, nunca le caímos bien. Y, en cuanto al club de la Plana, ¿ha hecho lo que ha podido? Eso han explicado públicamente, que nos han tratado com a todos los demás y manteniendo la reciprocidad de la ida. Es decir, sin un mínimo gesto preferencial. Como si todos los demás les hubiesen cedido el estadio durante once partidos de local. Un detalle feo que nada tiene nada que ver con la afición grogueta, siempre exquisita.

Hay que ganar, sin germanor. Y punto. En un Madrigal donde hemos vivido de todo. En 2005, el 4-1 de la última jornada dio con nuestros huesos en Segunda, pero aquel año ellos se jugaban disputar la Champions. Si hay que pasar un vídeo motivacional, que sea el de 2011: aquel 0-3 que nos colocó líderes de Primera, con goles de Juanlu (2) y Koné.

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