Opinión | Bolos
El Consell vuelve a llegar tarde
Educación traslada a los sindicatos que no podía presentar una oferta por razones presupuestarias, pero ahora estudia posibilidades tras oficializarse la huelga

La consellera de Educación, Mari Carmen Ortí, con el fondo de un montaje de un aula vacía. / EP/ChatGPT
No aprender de la tragedia colectiva de hace año y medio es un drama. Mantener responsabilidades de gobierno en manos de incompetentes supone una reincidencia intolerable. Eso ha ocurrido con la convocatoria de huelga indefinida en la enseñanza valenciana, que tanta preocupación genera en miles de hogares. El problema no está solo en una reivindicación laboral ni en la falta de recursos que arrastra la Comunitat Valenciana, sino en la gestión de una negociación en la que el Consell ha esperado a que el conflicto estalle para mover ficha.
Durante semanas, la Conselleria de Educación que dirige Mari Carmen Ortí trasladó a los sindicatos que no podía presentar una propuesta de mejora retributiva por razones presupuestarias. En la mesa planteó aplazar cualquier oferta hasta disponer de unas nuevas cuentas autonómicas. Pero, tras oficializarse la huelga indefinida desde el 11 de mayo, se improvisa una salida, se trabaja con Hacienda y se estudian posibilidades para llevar algo cuanto antes. Rectificar después de haber defendido que no había margen genera un problema de confianza, porque transmite que el Consell solo actúa cuando la presión ya está organizada.
La infrafinanciación valenciana condiciona las decisiones presupuestarias, pero precisamente por eso el buen gobierno exige explicaciones antes de que una negociación se rompa. Lo que desgasta no es reconocer dificultades, sino pasar de la imposibilidad a la urgencia en pocas horas. El diálogo institucional necesita contenido y reuniones útiles para que los representantes de los trabajadores conozcan la posición del Consell y el margen real para avanzar, incluso cuando el desacuerdo sea inevitable.
Preocupa mucho la evaluación de fin de curso del alumnado, que no puede depender de decisiones tomadas sobre la marcha en cada centro. En ese punto, la Conselleria tampoco ha previsto instrucciones capaces de reducir la incertidumbre de equipos directivos, docentes, estudiantes y familias.
El president Pérez Llorca no acertó con la elección de Ortí, pero su Consell debería tener aprendido que gobernar exige anticiparse. Rectificar tarde puede evitar la huelga educativa, pero no borra el error de haber llegado tarde. Otra vez.
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