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Opinión | Va de Bo

El secreto de los sentimientos

La selección valenciana en el Trinquet de San Juan.

La selección valenciana en el Trinquet de San Juan. / L-EMV

Lo de Morante de la Puebla es un fenómeno sociológico alejado de todo positivismo. No hay método científico que analice la suspensión del trabajo por los toros Dicen que en Sevilla muchas oficinas avisaron con un cartel: “Esta tarde cerramos. Torea Morante”. Axioma irrefutable para entender la grandeza de los sentimientos.

En nuestro deporte el axioma se llama Paco Cabanes “El Genovés”. Tampoco hay métodos científicos para determinar la razón de esa fusión anímica entre un individuo y una masa social. Simplemente pasa. Treinta años después, Pere Roc, en tierras argentinas nos recuerda la “partida del segle”. Juegan la final absoluta de One Wall las selecciones de Argentina y Euskadi. El pabellón se queda pequeño y la partida se juega de poder a poder; los cuatro pelotaris ofrecen la más generosa de las entregas. Son favoritos los vascos pero la pareja argentina, alimentada con los gritos de ánimo de su afición, resiste y en el set de desempate se pone por delante. La tensión crece en cada punto, se discute si es falta o no; si se repite o no. Está en juego el campeonato mundial.La situación se pone al límite. Puede pasar cualquier cosa a pesar de las gestiones conciliadoras. En ese momento Pere Roc se nos acerca: “Alberto, “que vinguen els bombers, que vinguen els de la Creu Roja…” Treinta años después, un chaval que entonces comenzaba a andar, identifica la tensión emocional con la calificada como Partida del Segle entre Genovés y Álvaro y los comentarios del último juego. ¿Cuántas veces ha visto esa partida el pelotari de Benidorm? ¿Lo hace por disfrutar de las cualidades técnicas en un ejercicio de aprendizaje? Sin duda que no es esa la razón. Nada que tenga que ver con metodologías. Hay algo para lo que el “logos” no encuentra solución. No hay forma de diseccionar semánticamente la reacción de la selección vasca para, a más de diez mil kilómetros, tras lograr “in extremis” la victoria, cantar desde la profundidad de su ser cánticos eúskaros.

Morante, Genovés, Euskadi…están en la dimensión intangible. No hay manera de medir en longitud, en capacidad, en peso, su ser proyectado. Son referentes sentimentales con fuerza suficiente para salvar la tauromaquia, la pilota valenciana, o el sentir patriótico, la llamada de la sangre dirá alguno. Y en materia futbolística toda poesía arrebatadora se concentra en La Bombonera, la casa de Boca Juniors, donde en cada partido los aficionados ven sentado en su asiento a Maradona, aquel que convirtió el pecado en la mano de Dios, ¿Cómo puede explicarse científicamente esa aparente contradicción?

Orquin y La Pampa

José María Orquin es un desconocido emigrante valenciano. Vivía con su esposa en un pueblito de La Pampa. Mientras cocía en el horno, oyó hablar valenciano. Un grupo de cazadores compraban el pan de la jornada. Le hablaron de San Juan y del trinquete. El hombre, natural de Beniopa, emocionado, recordaba a Juliet. Y tomó una decisión radical: “mujer vende o alquila este horno pero mañana nos vamos a San Juan…” Y en San Juan arrastrado por la lengua de sus padres y el recuerdo de Juliet, acabó sus días con la añoranza de su tierra. ¿Cómo cuantificamos ese sentimiento? Sólo podemos concluir que en esa decisión radical, arrastrada su alma por una fuerza inconmensurable está el secreto del éxito. La misma fuerza que llevó a la selección valenciana a pisar las losas del trinquete que pisaban los valencianos de allá.

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