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Opinión

Ximo Cádiz Ródenas

Ximo Cádiz Ródenas

Excoordinador del Col·lectiu Lambda

València

50 años del Front d’Alliberament Homosexual

El congreso de Burjassot del 4 de mayo de 1976 sirvió para, desde una perspectiva científica y política y a partir de un espacio cristiano homófilo, desmontar los argumentos de condena y promover el movimiento Lgtbi organizado

Manifestación del Orgullo LGTBI+ 2022 en València.

Manifestación del Orgullo LGTBI+ 2022 en València. / Eduardo Ripoll

“Los días primeros de este mes, el sábado 1, y el domingo, día 2, se ha celebrado en Burjasot el I Congreso Internacional sobre Marginalidad Social, organizado por la Fraternidad Cristiana de la Amistad (F.C.A.).” Así empieza la noticia que publicó Levante-EMV sobre el encuentro. Aquel 4 de mayo de 1976, en el Patronato de Promoción Humana y Social Juan XXIII, se reunieron 150 participantes, la mayoría homosexuales, de toda España y también del extranjero.

El lenguaje nunca es neutral. En aquellos años “marginalidad social” era un eufemismo para hablar de “homosexualidad reprimida”. La Fraternidad Cristiana de la Amistad estuvo impulsada por el sacerdote Antonio Mora y el seglar Emili Boïls desde finales de los años 60 y se inspiró en la mística de Charles de Foucauld, configurándose como un espacio de acogida, encuentro y afirmación de personas creyentes y, al mismo tiempo, conscientes de su orientación homosexual.

Noticia sobre el Congreso de Marginalidad Social  del 4 de mayo de 1976 en Levante-EMV.

Noticia sobre el Congreso de Marginalidad Social del 4 de mayo de 1976 en Levante-EMV. / Levante-EMV

El congreso de Burjassot fue tolerado por las autoridades eclesiásticas, aunque se pidió máxima discreción y se planteó para desarrollar “sesiones científicas, ortodoxas, humanas y ejemplares”. Acudieron Armand de Fluvià y Eliseo Picó entre los representantes del FAGC (Front d’Alliberament Gai de Catalunya). Como ponentes, el doctor y psiquiatra Manuel Gómez-Beneyto ofreció una nueva perspectiva no estigmatizante; el teólogo Enrique Miret Magdalena abordó la visión cristiana y religiosa; el profesor Josep Vicent Marquès trató la dimensión sociológica y el abogado laboralista de Comisiones Obreras (CC OO) Alberto García Esteve analizó los aspectos jurídicos. Cerró el Congreso el catedrático de Sexología de la Universiteit va Amsterdam, Elmer Sterken. En su ponencia expuso las investigaciones psicológicas de la homosexualidad en Holanda y la actitud pastoral de la Iglesia Católica de los Países Bajos.

Como indica Pau López Clavel en su magnífica tesis doctoral El rosa en la senyera. El movimiento gay, lesbiano y trans valenciano en su perigeo (1976-1997), el congreso de Burjassot sirvió para, desde una perspectiva científica y política, desmontar los argumentos de condena y promover el movimiento organizado. Y así sucedió. Al calor de la masa crítica, la reflexión científica y el impulso del ejemplo del revolucionario del FAGC, se sentaron las bases para la fundación del Front d’Alliberament Homosexual del País Valencià (FAHPV). En junio de aquel año se constituyó, inspirándose en las ideas de Jean Nicolas, militante de la francesa Ligue Communiste Révolutionnaire trotskista y activista del Front Homosexuel d'Action Revolutionnaire. Ese mismo año, había publicado en la revista Critique communiste el artículo 'La questión homosexuelle', donde analizaba la historia de la opresión a los homosexuales y la lucha por su liberación. El texto se convirtió en un manifiesto estratégico para luchar por el socialismo y las nuevas relaciones humanas, incluyendo la liberación sexual.

Resulta vomitivo ver cómo el actual Consell intenta apropiarse de la cuestión de la diversidad sexual con actividades cosméticas e inconsistentes, mientras estigmatizan a las personas trans, recortan y derogan derechos

Tanto López Clavel como Javier Fernández Galeano, en su interesantísimo libro Gestos en la noche. Historias de represión, erotismo y sociabilidad LGTB+ (1971-1979) marcan ese congreso como un hito en la creación del movimiento valenciano de liberación sexual. Acogidos por un espacio cristiano homófilo, con clara presencia de la izquierda revolucionaria antifranquista (sin olvidar la variable catalanista), en aquellos días, hace 50 años, se pusieron las bases para la creación, desde la clandestinidad, del primer movimiento organizado en defensa de la diversidad sexual en el contexto de una dictadura sin Franco cuyo final nadie sabía cuándo llegaría. El objetivo prioritario era derogar la ominosa Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social (LPRS) y conseguir un sistema democrático que diera respuesta a las reivindicaciones más elementales de dignidad, respeto e igualdad para acabar con la represión y discriminación por orientación sexual e identidad de género.

Luego llegó el MASPV (Moviment d’Alliberatment Sexual del País Valencià), después el MAGPV (Moviment d’Alliberatment Gai del País Valencià) y, en 1986, el Col·lectiu Lambda. La Ley valenciana 23/2018 de igualdad de las personas LGTBI permitió crear l’Armari de la Memòria con ese fin, y se trabajó mucho y bien en esa línea; pero el actual gobierno del Partido Popular ha cerrado, de facto, ese organismo. Resulta vomitivo ver cómo intentan apropiarse de la cuestión de la diversidad sexual con actividades cosméticas e inconsistentes, mientras estigmatizan a las personas trans, recortan y derogan derechos, cierran servicios públicos de acreditado interés social y persiguen a las organizaciones críticas que denuncian sus vulneraciones de la ley. Hoy más que nunca, debemos hacer memoria para qué nadie olvide qué sucedió y de dónde viene esa lucha por la dignidad del colectivo LGTBIQ+, que hoy, 50 años después, sigue totalmente vigente.

Ximo Cádiz Ródenas es excoordinador del Col·lectiu Lambda

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