Opinión
Leer churros

Imagen de archivo. / Levante-EMV
Feria del Libro. Miles de ejemplares, cientos de propuestas. Algunas presentaciones resultan masivas. Otras deprimentes. Se crea un debate magnífico, uno se enriquece con lo que oye, algunas de las que ya lo han leído elogian el libro y otras se muestran interesadas. Sin embargo, la mayoría de la población está ausente.
Los libros son consumidos como cualquier otro artículo de moda. Es más importante el autor o la autora que el contenido. Algunos venden miles de libros que son un auténtico churro sólo porque son caras conocidas. Ken Follet firmó su libro “Papel moneda” con el seudónimo de Zachary Stone. Apenas se vendió y no obtuvo reconocimiento alguno.
Las grandes editoriales tienen la capacidad de monopolizar las estanterías de las librerías y de gastarse mucho dinero en publicidad para “convencer” a los medios de comunicación. Pero a menudo funcionan solamente como empresas a la búsqueda del beneficio, olvidando su responsabilidad con la cultura o el saber.
El valor cultural del libro debe transcender su valor de mercado, es decir, el de mercancía sujeta a oferta y demanda. De lo contrario, se impone el consumismo, la insostenible y eterna sustitución, prácticamente diaria. La caducidad, la volatilidad, la tendencia al olvido. La obligada eventualidad hace de la literatura un sujeto vinculado al entretenimiento, sin capacidad de transformación. Si se banaliza el contenido y el libro es mercancía sólo será lo que pide el público, caminando hacia la homogeneización y la simpleza. Se estandarizan los gustos y se estandarizan los lectores.
Al contrario, el conocimiento exige compromiso e implicación, responsabilidad colectiva y mirada amplia.
Dos certezas: El sistema es voraz y el saber ocupa lugar. Con todo, no hay espacio ni físico ni temporal para “otras” propuestas, que son marginadas y olvidadas. El contenido a menudo ni es conocido ¿Existe la meritocracia en el mundo editorial? ¿Ofrezco otro ejemplo que nada tiene que ver? Luis Milla, el jugador del Getafe, es el segundo máximo asistente de La Liga, sólo por detrás de Lamine Yamal. Tiene menos de 64.000 seguidores en Instagram. Gavi, del Barça, que frecuenta la misma zona del campo, tiene 19 millones de seguidores. Xavi Espart, que ha jugado 91 minutos como culé, 682.000 seguidores. Diez veces más que Milla.
Cuánta buena literatura se está perdiendo tanta gente por estar fuera de los circuitos publicitarios de las grandes editoriales. Y, al contrario, cuánto churro se están leyendo muchos.
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