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Opinión

Megaincendios: la emergencia que sigue a la dana

La combinación de sequías, lluvias torrenciales, arrastre de tierras y abandono forestal eleva el riesgo de grandes incendios en el Túria, la Marina Baixa, el Vinalopó y l’Alacantí, pese a la recuperación de 3.000 kilómetros de pistas forestales esenciales para la prevención y la extinción

Dos bomberos forestales trabajan contra el fuego en Bejís, en imagen de archivo.

Dos bomberos forestales trabajan contra el fuego en Bejís, en imagen de archivo. / Levante-EMV

El cambio climático ha cambiado las condiciones del riesgo forestal en la Comunitat Valenciana. Ya no basta con apagar incendios cuando se declaran. Hay que evitar que el territorio llegue a los meses de más calor con vegetación seca, caminos dañados, accesos cortados y masas forestales sin mantenimiento suficiente.

El último estudio sobre adaptación al cambio climático en la demarcación del Júcar señala un aumento del riesgo de incendios en el sistema Túria, la Marina Baixa, el Vinalopó y l’Alacantí. El caso del Túria es el más relevante porque fue una de las zonas golpeadas por la dana del 29 de octubre de 2024. El informe prevé que se pase de riesgo medio a riesgo alto en el horizonte 2028-2058, una situación que se mantendría hasta final de siglo.

La explicación está en la suma de varios factores. Hay más calor, más evaporación, más estrés hídrico y lluvias peor distribuidas. Cuando se producen episodios torrenciales, el agua no siempre mejora el estado del monte. Puede arrastrar tierra, romper caminos, dañar taludes y dejar después un terreno más expuesto a la erosión. Esa combinación de sequía, lluvias intensas y pérdida de suelo aumenta la vulnerabilidad ante el fuego.

La dana dañó unos 3.000 kilómetros de pistas forestales. Unas infraestructuras necesarias para la vigilancia, la prevención y la extinción. Sin caminos transitables, los equipos forestales llegan peor, los cortafuegos pierden utilidad y cualquier conato puede avanzar con más rapidez. La inversión de 92 millones de euros de la Conselleria de Medio Ambiente para reparar pistas, depósitos, observatorios, badenes, muros, puentes, taludes y cunetas era necesaria.

El Consell necesita una política forestal estable. El riesgo de incendios exige presupuesto continuado, coordinación entre administraciones y mantenimiento durante todo el año. Generalitat, diputaciones, ayuntamientos y propietarios forestales deben trabajar con el mismo criterio de reducir combustible vegetal, conservar accesos y proteger las zonas más expuestas.

Las causas de los incendios obligan también a reforzar la prevención humana. Entre 2016 y 2025, dos tercios de los fuegos tuvieron origen humano: el 38,6 % fueron intencionados y el 29,2 % respondieron a negligencias o accidentes. Uno de cada cuatro se produjo por rayos. El clima aumenta el riesgo, pero muchas igniciones siguen dependiendo de conductas evitables, conflictos, quemas mal controladas o falta de vigilancia.

Hacen falta bomberos forestales con medios suficientes, pero la primera defensa está en la limpieza de montes, la recuperación de cultivos abandonados, los cortafuegos, el control de quemas agrícolas, la vigilancia de las zonas de contacto entre viviendas y monte, y la educación de la población.

España vivió en 2025 un año muy grave en incendios forestales. La Comunitat Valenciana no registró una campaña catastrófica, aunque hubo 281 incendios y 785,77 hectáreas quemadas. Los fuegos de Teresa de Cofrentes, Ibi y Villena concentraron buena parte de la superficie afectada. Ese balance no permite bajar la guardia.

Los estudios climáticos apuntan a un aumento de temperaturas, más noches cálidas y más estrés hídrico. También indican pérdidas de precipitación superiores al 15 % en cabeceras de ríos e incrementos en zonas litorales ligados a tormentas. Ese patrón favorece la secuencia conocida de sequía, riada y fuego.

La gestión del agua, la ordenación del territorio, la prevención forestal, la protección civil, la agricultura y el urbanismo forman parte del mismo problema. La dana mostró el coste de llegar tarde. El riesgo de incendios obliga a no repetir ese error.

El Consell acierta al recuperar pistas forestales y otras infraestructuras dañadas. También son útiles los fondos para que los ayuntamientos ejecuten cortafuegos, limpiezas y trabajos preventivos. Pero hacen falta planes plurianuales, objetivos medibles, datos públicos sobre ejecución, mapas de riesgo actualizados y refuerzo de personal durante todo el año.

El Túria resume el problema. Es una zona dañada por la dana y, según los estudios, una de las que más puede empeorar en riesgo forestal. Lo que se haga allí en los próximos años servirá para medir si las administraciones han aprendido la lección. Después del barro puede venir el fuego. La prevención no tiene la visibilidad de la extinción, pero decide el alcance de la próxima emergencia.

La Comunitat Valenciana aún está a tiempo de reducir el riesgo.

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