Opinión | Miel, limón & vinagre
Caitlyn Jenner, su admirado Trump le llama ‘bro’
Dedicada en cuerpo y alma a la lucha en pro de la comunidad LGTBI, Caitlyn Jenner se encuentra ahora con que la discrepancia de sexo en su pasaporte le impide viajar al extranjero

Caitlyn Jenner.
Más que nunca, disfruten de lo votado. A Caitlyn Jenner se le ha complicado la vida. Resulta que tenía que renovarse el pasaporte y el funcionario le devolvió uno en el que aparece nuevamente con el sexo del William Bruce que fue hasta 2015, o sea, masculino. Imagino que a sus 76 años la celebridad emparentada con las Kardashian aspiraba a vivir tranquila y disponer de una de esas identificaciones permanentes que no hace falta reemplazar cada cierto tiempo. Después de transicionar había logrado estampar la cruz en la casilla de femenino en todos sus documentos oficiales, incluida su partida de nacimiento.
Pero no ha podido ser. Su adorado Donald Trump, de quien se declara fan y por quien apostó en las últimas elecciones y en las anteriores, no va de filosofías identitarias. Una sorpresa para nadie. Qué andaría haciendo Caitlyn Jenner para no enterarse cuando el presidente de los Estados Unidos dijo nada más volver a la Casa Blanca que «la política oficial del Gobierno de Estados Unidos será que sólo hay dos géneros, masculino y femenino. No suena demasiado complicado ¿verdad?». Tal vez no sabe que el magnate ha prohibido a las personas trans servir en el Ejército, ha restringido los procedimientos para los adolescentes, retirado la financiación de las intervenciones de reasignación, ha firmado un decreto para impedir que atletas trans compitan en categorías femeninas y ha ordenado que la administración no reconozca ningún cambio en el género otorgado al nacer.
Cuidado que no le quiten la medalla olímpica de oro que siendo Bruce ganó en Montreal en 1976 en la disciplina de decatlón masculino, con un récord mundial, como pidieron muchos futuros seguidores del movimiento MAGA (Make America Great Again) cuando reveló su actual condición femenina en 2015. Lo hizo desde la portada de Vanity Fair, en una foto firmada por Annie Leibovitz y con el titular Llamadme Caitlyn, a sus 65 años. Lamentaba que hasta ese día había vivido «una mentira», cosa que le valió el elogio del mismísimo Barack Obama por su valentía.
Se acababa de divorciar de su tercera esposa, Kris Houghton, con quien tuvo dos hijas, Kendall y Kylie. Ambas son hermanas por parte de madre de Kourtney, Kim, Khloé y Rob Kardashian. Bruce Jenner había sido padre de otros cuatro hijos de dos matrimonios anteriores y cuenta con trece nietos. Suerte la suya de caer en un clan como el Kardashian, en cuyo reality show participa habitualmente con su ex, y que normaliza situaciones como que su benjamina Kylie le llame Caitlyn y padre en la misma frase. «¿Qué haces, papá?» «Ceno mirando Fox News», responde para mosqueo de la joven, que aprovecha para declarar públicamente las diferencias ideológicas que separan a ambas.
Tampoco le compra el discurso «progresista en lo social, conservadora en lo económico» su hijastra Kim, activista en favor de un sistema penitenciario basado en la reinserción. Con una ideología en las antípodas quiso hacer carrera política la exatleta. En 2021 aspiró a convertirse en la primera gobernadora trans de California por el Partido Republicano, sin conseguirlo.
Dedicada en cuerpo y alma a la lucha en pro de la comunidad LGTBI, Caitlyn Jenner se encuentra ahora con que la discrepancia de sexo en su pasaporte le impide viajar al extranjero. Por no hablar del susto que se puede llevar si una patrulla del ICE le para en plena calle y le exige que se identifique. Sin embargo, ella no culpa a Donald Trump, a quien ha pedido árnica infructuosamente. Relató en un podcast que se dejó caer por la mansión presidencial de Mar-a-Lago para dar al presidente detalles de su peliaguda situación legal, sin suerte. Lo más que consiguió fue entregarle una carta a un agente del servicio secreto, que prometió hacérsela llegar. «No he sabido nada de él. Está bastante ocupado ahora mismo. Mi identidad de género no tiene mucha importancia en este asunto, ¿de acuerdo? Así que lo entiendo. Me cae muy bien y me encanta lo que está haciendo». Está bastante ocupado y empantanado en una guerra con Irán, presionando a Cuba y a Venezuela, e insultando a España, cierto, y le importa un bledo la situación de las personas trans, sean o no millonarias famosas, puesto que prometió «poner fin a la locura transgénero» nada más sentarse en el Despacho Oval. Pero que esa miaja de transfobia no la disuada de seguirle votando, si es que le dejan. Porque lo mismo se acerca a la urna y al identificarse la mandan para casa, caballero, su documentación nos da error.
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