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Opinión

Elena de la Poza

Elena de la Poza

Vicerrectora de Empleo, Formación Permanente y Lenguas de la Universitat Politècnica de València

València

El kilómetro cero del futuro: talento local frente al nuevo desorden global

Atraer talento altamente cualificado no sólo beneficia a las tecnológicas; por cada nuevo empleo en innovación, se crean hasta cinco empleos adicionales en la economía local de servicios

La Inteligencia Artificial desdibuja las fronteras del trabajo exclusivamente humano.

La Inteligencia Artificial desdibuja las fronteras del trabajo exclusivamente humano. / ED

Asistimos a una reconfiguración acelerada del orden geopolítico global. Las certezas sobre las que construimos nuestra prosperidad se desvanecen; las economías emergentes han dejado de ser la ‘fábrica barata’ del mundo para convertirse en potencias tecnológicas que compiten en innovación. A esta tensión se suma la irrupción de la Inteligencia Artificial, una fuerza transformadora que desdibuja las fronteras del trabajo exclusivamente humano.

Ante este escenario, surgen preguntas ineludibles: ¿Cómo será nuestra sociedad en 2050? ¿Qué forma tendrán los empleos del mañana y qué habilidades deberán atesorar nuestros jóvenes para prosperar en este nuevo ecosistema?

Cuando los retos son planetarios, la tentación es buscar respuestas en cumbres internacionales. Sin embargo, la paradoja actual es que, frente a la globalización y la IA, la trinchera más efectiva para defender nuestro futuro es estrictamente local. El cambio de paradigma nacerá de los laboratorios de nuestras universidades, polígonos industriales y startups.

La revolución empieza en la proximidad

Esta reivindicación de lo local no es chovinismo romántico, sino una constatación respaldada por la literatura económica contemporánea. Durante años creímos que la tecnología aplanaría el mundo, haciendo irrelevante dónde vivimos. La realidad ha demostrado lo contrario.

La economista Mariana Mazzucato, referente mundial en innovación -doctora honoris causa en 2023 por la Universitat Politècnica de València-, argumenta en Mission Economy (2021) que los grandes desafíos requieren un enfoque de ‘misión’. Lo revelador es su evolución hacia la proximidad. En What Local Governments Need to Lead (2023), sostiene que los ecosistemas locales y regionales son los únicos capaces de aterrizar estas misiones globales. Es en la ciudad y la región donde la colaboración entre universidad, administración y empresa se convierte en un proyecto real que transforma la vida ciudadana.

Esta visión conecta con la teoría del ‘efecto multiplicador local’ del economista Enrico Moretti en The New Geography of Jobs. Moretti demuestra que, en la economía del conocimiento, la innovación tiende a concentrarse en clústeres. Atraer talento altamente cualificado no sólo beneficia a las tecnológicas; por cada nuevo empleo en innovación, se crean hasta cinco empleos adicionales en la economía local de servicios. La prosperidad liderada por la innovación es un fenómeno profundamente territorial.

Esta perspectiva ha sido institucionalizada por la OCDE. En su informe Place-Based Policies for the Future, certifica el fracaso de las políticas económicas estandarizadas y concluye que, para evitar que las regiones queden rezagadas ante la IA, es imperativo diseñar políticas ancladas en el lugar, capitalizando las fortalezas únicas de cada ecosistema local.

Valencia como laboratorio del mañana

Si aceptamos que el futuro se decide en el kilómetro cero, la pregunta obligada es: ¿estamos preparados en Valencia para liderar este cambio? La respuesta es un sí rotundo, condicionado a nuestra capacidad de actuar en consecuencia. Nuestro ecosistema tecnológico demuestra una vitalidad extraordinaria. Según el Global Startup Ecosystem Report 2025, Valencia cuenta con cerca de 1.700 startups activas, conformando un ecosistema valorado en 3.900 millones de dólares que crece a un ritmo superior al 11% anual. Nuestra economía digital genera ya el 18% del PIB de la Comunitat Valenciana y emplea a más de 360.000 personas. Somos un hub emergente reconocido a nivel europeo por generar talento de altísima calidad.

En el corazón de este ecosistema laten universidades públicas cuya misión trasciende la expedición de títulos. Somos la infraestructura crítica sobre la que se asienta el futuro de nuestra región. A través de nuestras cátedras, programas de formación y emprendimiento, estamos tejiendo la red que conecta el conocimiento avanzado con las necesidades reales de nuestras pymes y corporaciones.

Sabemos que para que nuestros jóvenes prosperen en 2050, no bastará con enseñarles a programar; la IA pronto lo hará mejor. Debemos dotarles de pensamiento crítico, resiliencia, liderazgo ético y creatividad. Habilidades profundamente humanas que se forjan en los laboratorios, en los debates del campus y en la colaboración estrecha con el tejido empresarial local.

Una llamada a la acción colectiva

Sin embargo, el talento por sí solo no garantiza la prosperidad si no encuentra un ecosistema dispuesto a potenciarlo. Los grandes cambios globales siempre han comenzado con pequeños pasos locales: una startup que resuelve un problema logístico, un grupo de investigación que patenta un biomaterial, o una pyme que integra IA gracias al asesoramiento universitario.

Es aquí donde debemos interpelarnos como sociedad. A los lectores, a nuestras empresas y a nuestras administraciones públicas: no podemos permitirnos ser meros espectadores, consumidores pasivos de tecnología extranjera o exportadores netos de nuestro mejor talento juvenil.

Necesitamos forjar una alianza inquebrantable. Las administraciones deben crear marcos regulatorios ágiles para impulsar la innovación. Las empresas valencianas deben perder el miedo a invertir en I+D+i y abrir sus puertas al talento universitario, entendiendo que la formación continua es su mejor seguro de vida. Y las instituciones educativas debemos seguir derribando los muros del campus para fundirnos con la ciudad, actuando como el motor de este estado emprendedor local.

El orden geopolítico seguirá girando y la Inteligencia Artificial continuará su avance. No podemos controlar los vientos globales, pero sí podemos ajustar nuestras propias velas. El rumbo que tome nuestra sociedad no está escrito en ningún servidor de Silicon Valley; se escribirá aquí, en Valencia, si somos capaces de trabajar juntos para convertir nuestro talento local en la semilla del progreso global.

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