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Opinión | Bolos

Director de Levante-EMV

Una biblioteca para leer la improvisación

Antigua sede de Hacienda en Guillem de Castro.

Antigua sede de Hacienda en Guillem de Castro. / Fernando Bustamante

Tenemos una admirable capacidad para encontrar soluciones antes de saber cuál es el problema. El último ejemplo es la antigua sede de Hacienda en la calle Guillem de Castro, ese edificio que lleva años esperando destino. Ha sido casi de todo sin llegar a ser nada: hotel imaginado, museo soñado, ampliación administrativa y ahora, al parecer, biblioteca. Una nueva justo al lado de otra.

Nadie sensato puede estar contra una biblioteca. Sería como declararse enemigo del agua potable, de las flores o de los bancos a la sombra. El enigma está en que sea la penúltima ocurrencia para rellenar un inmueble que el Ayuntamiento, titular mayoritario, no sabe cómo usar y cuya rehabilitación, según las últimas estimaciones, costaría más de 12 millones de euros.

La biblioteca de la calle Hospital funciona a pocos pasos. Es la principal de la ciudad y lleva el nombre de Pilar Faus Sevilla, figura central del bibliotecarismo valenciano. Fue la primera directora de la Biblioteca Pública del Estado en València en su actual sede, inaugurada en 1979, y la dirigió desde entonces. Archivera, historiadora, investigadora y escritora, su trayectoria estuvo ligada a la defensa de las bibliotecas públicas y de la cultura valenciana. El Consell Valencià de Cultura impulsó la petición para que el centro llevara su nombre, en reconocimiento también a su trabajo en favor de la red de bibliotecas públicas valencianas.

El edificio de Guillem de Castro no necesita que cada idea nazca sin relación con la anterior. Esta vez ha sido el Ayuntamiento, pero también la Diputación y la Generalitat deberían decidir qué quieren hacer con sus edificios antes de comprarlos, abandonarlos, rehabilitarlos o rebautizarlos. Incluso no sería demasiado pedir cierta coordinación. Y si hace falta una biblioteca, que se haga. Nada mejor que los libros para mantenernos libres. Pero quizá convendría empezar por abrir una sala de lectura para los distintos responsables institucionales con mando en plaza. O un sencillo rincón de pensar.

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