Opinión

Profesor de Historia del Derecho Foral Valenciano Universitat Jaume I
Las Corts Valencianes, ahora, no contestan
No contestar ahora al requerimiento de las Cortes Generales para dar curso a lo que las propias Corts pidieron en su día supondría cometer un nuevo error y desaprovechar una oportunidad de mejora y fortalecimiento colectivos

El presidente de la Generalitat valenciana, Juanfran Pérez Llorca, durante una sesión de control, en Les Corts Valencianes, a 26 de marzo de 2026. / Rober Solsona / Europa Press
No consigo tragarme la tesis ―devastadora para la autoestima colectiva valenciana; tanto que parece acuñada por nuestro peor enemigo— que sostiene que las valencianas y valencianos somos meninfots y blandos y, en general, nos dedicamos a valencianear a la manera de aquellos que se pasan la vida españoleando. Más allá del manido tópico, siempre he conocido a valencianas y valencianos serios, severos, que, cuando el viento ha arreciado a la contra, han sabido mantenerse firmes, en su sitio.
En el caso de la reivindicación de la competencia legislativa de las Corts Valencianes en materia de conservación y desarrollo del Derecho Civil propio, las valencianas y valencianos ―personas, instituciones y entidades― han estado donde tocaba; es decir, pidiendo aquello que reconoce el Estatuto de Autonomía, manteniendo una reivindicación constante en el tiempo ―como han acreditado historiadoras e historiadores del Derecho―, y que, sin embargo, no se entiende desde las altas instancias del Estado, entre ellas, el Tribunal Constitucional. ¿Qué más pueden hacer las valencianas y valencianos de lo que han venido haciendo, siempre que han tenido libertad para ello, desde el siglo XVIII hasta hoy mismo?
No es cierto que en este asunto exista el problema de una sociedad carente de genio y nervio, invertebrada y, sin embargo, feliz. El problema se focaliza en unas élites políticas que no están liderando rectamente, que no están protegiendo adecuadamente, que no están valorando como es debido y que, en fin, no están mejorando como sería de esperar el legado recibido. No es verdad, pues, que las valencianas y valencianos seamos, todas y todos, en conjunto, responsables del desaguisado que están a punto de cometer las Corts Valencianes al no dar respuesta a la carta remitida, desde Madrid, por la presidenta de las Cortes Generales. Si ahora se consuma el ridículo institucional de banalizar una propia propuesta de reforma constitucional ―son palabras mayores― las y los responsables serán ellas y ellos, las políticas y políticos que deciden qué se hace y qué no en las Corts Valencianes.
Necesitamos encontrar el modo de fortalecer el propio ecosistema de liderazgo político
Sin duda, las valencianas y valencianos necesitamos encontrar el modo de fortalecer el propio ecosistema de liderazgo político. No se trata de hacer más fuertes a los que piensan y actúan como nosotros; sino de empoderar al conjunto de aquellos que tienen la carga, la responsabilidad, de mejorar este trozo de mundo sobre el cual adoptan decisiones significativas. Probablemente, la causa de esta carencia hay que buscarla en unos traumas colectivos, no remotos sino relativamente recientes, que todavía no han sido sanados. Nuestras élites políticas aún sufren los efectos de todo aquello que sucedió, muy relevante políticamente hablando, durante los años de construcción del régimen de la Constitución de 1978. El régimen está ahí con sus cimientos y líneas maestras y si nuestras élites políticas no consiguen superar los efectos de aquellas rupturas ―las batallas por, desde y de Valencia― seguirán sin acertar en aquello fundamental y magistral, en perjuicio de todas y todos.
¿Que esto es literatura, palabras, una opinión como cualquier otra, una cuestión intrascendente? ¿Que las valencianas y valencianos lo que, en realidad, queremos es adquirir una vivienda y pagar menos impuestos? A la vez, sí y no. La realidad es compleja y todo está interrelacionado, como en un racimo de cerezas. Acertar en las estrategias entrena la capacidad de acierto, y defender causas justas inclina en favor de la justicia. Por su parte, lo contrario conduce, inexorablemente, por otros y peores derroteros. ¿Algunos ejemplos, tras cinco décadas de democracia y cuatro de autonomía? El parque público de viviendas, raquítico; las infraestructuras de transporte, infradotadas; el sistema de financiación, deficitario; el ecosistema financiero, minimizado; la polarización social, excitada... y podríamos seguir. Unas élites políticas valencianas centradas, con una correcta visión estratégica, contribuirían decididamente a resolver estas y otras problemáticas muy relevantes y, sin duda, interrelacionadas con la competencia legislativa de las Corts Valencianes en materia de Derecho Civil. No contestar ahora al requerimiento de las Cortes Generales para dar curso a lo que las propias Corts Valencianes pidieron en su día supondría cometer un nuevo error, y desaprovechar una oportunidad de mejora y fortalecimiento colectivos. La responsabilidad no sería de todas y todos; solo de algunas y algunos.
Ramon Aznar i Garcia es profesor de Historia del Derecho Foral Valenciano de la Universitat Jaume I
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