Opinión | La Zona
Crónica de una caída anunciada en el Levante femenino

La jugadora Teresa Mérida abrazando al entrenador del Levante, Andrés París. / Imagen Liga F
Hay descensos que nacen en un mal año. Y hay otros que son el resultado de muchas decisiones equivocadas acumuladas durante demasiado tiempo.
El Levante UD Femenino ya es equipo de Primera RFEF. La derrota antes el FC Barcelona confirmó matemáticamente un golpe histórico: uno de los clubes más importantes del fútbol femenino español cae por primera vez de la élite. Y no hablamos de cualquiera. Hablamos de un pionero, de un campeón de Liga, de una entidad que ayudó a construir el prestigio del fútbol femenino en España cuando todavía nadie miraba hacia ahí.
Y precisamente por eso, este descenso duele todavía más.
Porque el Levante tenía plantilla para competir. Tenía futbolistas para salvarse. Incluso en medio de las dificultades, la sensación durante gran parte del año era que el equipo tenía nombres suficientes para pelear la permanencia hasta el final. Pero el fútbol no se sostiene solo con calidad individual. Hace falta estabilidad, planificación y una dirección clara. Y el Levante ha sido exactamente lo contrario durante toda la temporada.
Los números son demoledores. El descenso se ha hecho oficial a falta de tres jornadas y el equipo únicamente ha sumado ocho puntos en toda la Liga. Ocho. Una cifra impropia de un club con la historia y el nivel competitivo que ha tenido el Levante femenino durante décadas.
Pero detrás de esos números hay mucho más que una mala dinámica deportiva. Hay una gestión errática.
Primera experiencia en Liga F
La temporada empezó con Emily Lima al frente del equipo. Un proyecto que apenas duró seis jornadas antes de que el club decidiera destituirla. Después llegó Santiago Triguero en una etapa marcada también por la inestabilidad y, finalmente, Andrés París asumió el cargo en lo que suponía su primera experiencia en Liga F.
Y ahí aparece otra de las grandes preguntas que deja este descenso: ¿cómo un club histórico del fútbol femenino español termina afrontando una temporada límite con entrenadores sin experiencia consolidada en la élite femenina?
La sensación ha sido la de improvisación constante. Cambios de rumbo continuos, ausencia de una idea deportiva reconocible y decisiones tomadas más desde la urgencia que desde la planificación.
El fútbol femenino ya no permite experimentar continuamente desde el banquillo. La Liga F ha crecido demasiado como para competir sin estructura. Mientras otros clubes profesionalizan áreas deportivas, invierten en estabilidad y construyen proyectos sólidos, el Levante ha transmitido durante meses una preocupante sensación de desgaste institucional.
Y es imposible separar esto de la situación económica que atraviesa el club.
La crisis financiera del Levante UD lleva años condicionando absolutamente todas las áreas de la entidad, y el femenino no ha escapado a ello. Menor inversión, dificultades para retener talento, sensación de abandono competitivo y un proyecto cada vez más debilitado frente a rivales que sí entendieron hacia dónde evolucionaba el fútbol femenino profesional.
Mientras el Levante se detenía, el resto avanzaba.
Tres descensos en tres temporadas consecutivas
Además, el descenso del Levante no llega de manera aislada. El fútbol femenino valenciano vive una caída progresiva y preocupante en apenas tres temporadas. El Villarreal Femenino descendió en 2024. El Valencia CF Femenino cayó en 2025. Y ahora, en 2026, es el Levante quien pierde la categoría. Tres descensos consecutivos de los principales clubes de la Comunitat Valenciana que reflejan también la dificultad de competir en una Liga F cada vez más exigente y profesionalizada.
Por eso el descenso no puede tratarse como una simple anécdota deportiva.
Es un golpe simbólico para el fútbol femenino español.
Porque mientras el Levante femenino pierde la categoría, el Valencia CF podría regresar a Liga F.
Hace apenas unos años parecía inimaginable.
Hoy es una realidad que obliga también a reflexionar sobre la gestión de ambos proyectos.
Vivir del pasado no basta
Porque la historia ayuda, pero no garantiza nada. Y el Levante ha descubierto demasiado tarde que vivir del pasado no basta para sobrevivir en el presente del fútbol femenino profesional.
Ahora queda reconstruir.
Pero para hacerlo hará falta mucho más que nostalgia. Hará falta autocrítica, inversión, estabilidad y, sobre todo, entender que un club histórico también puede caer cuando deja de cuidar aquello que un día lo convirtió en referencia.
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