Opinión | Bolos
Una huelga que examina al Palau
Pérez Llorca, ante la inexperiencia de la consellera M.ª Carmen Ortí, se enfrenta a la protesta convocada por el sector educativo

Protesta de los sindicatos ante el Palau de la Generalitat. / Celeste Martínez
El otro día en Mestalla, mi vecino de asiento, atento lector, me riñó porque todavía no me había mojado sobre la huelga indefinida convocada por el sector educativo. Menos mal que fue antes de la derrota, porque es un docente tardío, muy crítico con los sindicatos y con la función pública en general, votante público del bloque diestro y con pasado podemita. Tras confirmarme que se sumaría a la protesta desde el primer día, no me queda otra que meterme en el charco.
Toca una nueva equidistancia, porque es imposible levantar el cartel del no o del sí sin atender al contexto. Mientras la tormenta se veía venir, el Consell miraba, esta vez sí, el parte meteorológico. Ahora tiene a todo el sector llamando a la puerta del Palau, ante la inexperiencia de la consellera M.ª Carmen Ortí. El president Juanfran Pérez Llorca dice que no tiene por qué mediar entre consellerias, pero alguien debe aclarar si el problema es de Educación, de Hacienda o de todo un Consell. Gobernar también es poner de acuerdo a los tuyos antes de pedir paciencia a los demás.
Además, si la protesta combina salario, ratios más bajas, infraestructuras dignas y plantillas suficientes, estamos hablando del funcionamiento cotidiano de la escuela pública, competencia autonómica en exclusiva. El Consell, por su parte, invoca el derecho del alumnado a ser evaluado, especialmente en Bachillerato. Tiene razón en preocuparse. Pero conviene no confundir esa protección del estudiante con unos servicios mínimos que vacíen un derecho constitucional. La ausencia de la Conselleria en la mediación del Tribunal de Arbitraje Laboral tampoco ayuda, porque invocar el diálogo con la silla vacía resulta un sinsentido.
El profesorado no desea una huelga indefinida. Las familias tampoco. El alumnado, menos aún. Pero precisamente por eso el Consell debería entender que el conflicto solo se desactiva con compromisos sobre el calendario y con más presupuesto. Que, por cierto, habría más dinero si Llorca pensara más en la Comunitat Valenciana que en el PP y aceptara los millones adicionales que supondría la reforma del sistema de financiación autonómica.
La escuela pública no necesita otra guerra de relatos, que casi siempre acaba perdiendo quien gobierna. Reclama un acuerdo. Y, si es posible, antes de que el lunes la huelga haga sonar el timbre.
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