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Opinión | Bombeja Agustinet!

El jardinero fiel

Raimon (a la derecha) saluda a un aficionado del Levante, en su Raconet

Raimon (a la derecha) saluda a un aficionado del Levante, en su Raconet / LUD

Algunos de ustedes habrán leído la novela de Le Carré (1991) o habrán visto la película de Meirelles (2005). El levantinismo tiene su particular “jardinero fiel”, aunque solo por unas semanas, ya que se jubila, tras casi cuatro décadas cuidando del césped y de las instalaciones del Ciutat. Apenas le quedan, de hecho, dos partidos en casa. Nada será lo mismo, sin él, omnipresente desde 1988. Además de granota fiel e incondicional, Raimon es un disfrutón de la vida y un disfrutón del Llevant, incluso en los peores momentos, cuando acecha el yunque de la adversidad. Que le pregunten al Boss por aquella mítica paella que se zampó en el Raconet. Que le pregunten a tantos futbolistas, orgullosos de que “el jardinero fiel” atesore sus camisetas. Este viernes se rendirá homenaje al que ha mantenido como un tapiz el terreno en que nuestros futbolistas nos han hecho llorar durante casi cuarenta años, de alegría o de tristeza.

Hay hombres de club imprescindibles, que permiten entender a los recién llegados el alma del levantinismo y Raimon es, sin duda, uno de ellos, y uno de los grandes guardianes de nuestra memoria.

El patrimonio del Llevant sobrevivió milagrosamente incluso a la Guerra del 39 y se refugió durante tres décadas en Vallejo, con el mimo de los distintos trabajadores del club. Salvador Mas, uno de los históricos, con una vida dedicada al Llevant –y jubilado en julio de 1989–, fue uno de los que cuidó con esmero de nuestro patrimonio. Bajo su atenta mirada, todo viajó al Nou Estadi con la mudanza del 68. Y ahí permaneció durante años, ordenado, limpio, disponible, hasta que la reforma del interior del palco, años después, y la insensibilidad de quienes quedaron al frente del club, provocó que buena parte de aquel material acabara en un contenedor.

Raimon y otros levantinos, conscientes de la barbaridad, salvaron bastantes cosas y el “jardinero fiel” inició así su mágico e irrepetible Raconet, que debe ser una de las bases esenciales del futuro (y tantos años anhelado) museo levantino. Esa colección única deberá llevar su nombre y contar su historia, porque sí: Raimon ya es historia del Llevant. Y uno de los responsables de que se haya podido conservar parte de nuestro patrimonio histórico. ¿Quién sabe? Quizá podríamos llamar a Bruce Springsteen para que nos cante algo a cambio de otra paella, el día de su inauguración.

Mai t’estarem prou agraïts, per tant, Raimon!

Tornarem! Tres décadas después, el gran pionero, entre los clubs de élite, de nuestro fútbol femenino, da con sus huesos en la segunda categoría. Es la crónica de un descenso anunciado. Desde luego, deberán depurarse responsabilidades en la gestión, pero hay que pensar ya en la inmensa estructura de cantera que debe mantenerse a toda costa, en los centenares de niñas que vibran con el deporte gracias al Llevant femenino y que deben seguir haciéndolo. Preparémonos para un primer equipo cargado de dignidad, de sentimiento y de jugadoras de la casa. Y quizá este mal trago, servirá de algo.

Osasuna. Nadie podía imaginar que Alessio Lisci volvería a Orriols triunfando en un equipo de Primera. De la mano de Rubén García. Confiemos en aprender también esta otra lección que nos regala el fútbol y la vida.

Levantinismo fiel. Orriols es uno de los estadios con más porcentaje de asistencia de La Liga, pese a la dura temporada que llevamos. Una victoria que nos mantenga vivos en la pelea sería el mejor regalo de cumpleaños de los futbolistas para el míster que nos devolvió la esperanza, y para toda la afición que sigue sin doblar la rodilla.

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