Opinión

Concejal de memoria democrática del Ayuntamiento de Manises
Un año después del regreso de Manises a Mauthausen

El Rey Felipe VI y la reinta Letizia Ortiz en los actos de conmemoración. / L-EMV
El acto oficial de la liberación y conmemoración internacional en Mauthausen está programado para el domingo 10 de mayo de 2026. Hace trescientos sesenta y cinco días, el silencio de este campo de concentración fue roto por el acento de nuestra tierra. Un año después de aquel viaje histórico, en el que estudiantes de nuestros tres institutos caminaron sobre las huellas de Rafael García y Francisco Cases, las víctimas de Manises, seguimos reivindicando la memoria de estos vecinos, una memoria que nos permite a mirar el presente y el futuro con mayor dignidad.
El nombramiento de García y Cases como Hijos Predilectos in memoriam no fue un mero trámite administrativo. Fue un acto de justicia poética y política. Durante décadas, sus nombres fueron susurros en las casas o simplemente vacíos en el padrón municipal. Que el Ayuntamiento de Manises oficializara su lugar en nuestra historia local es el reconocimiento de que nuestra identidad como pueblo también se forjó en la resistencia contra la barbarie nazi.
Aquel viaje coincidió con la presencia del Rey Felipe VI en los actos de conmemoración. Un hecho que dota de normalidad democrática al reconocimiento de los republicanos españoles —los “triángulos azules”— que durante tanto tiempo fueron los grandes olvidados de la victoria aliada. Una normalidad democrática tan necesaria en estos días.
Lo más emotivo, y quizás lo más riguroso a nivel pedagógico de lo ocurrido el año pasado, fue la presencia de la juventud de Manises, acompañados además por el representante de la Amical de Mauthausen en Valencia, Adrián Blas Mínguez. Ver a estudiantes de nuestros tres institutos recorrer los barracones no es turismo histórico; es una vacuna contra el fascismo.
En un tiempo donde los discursos de odio vuelven a brotar con una preocupante ligereza, llevar a las nuevas generaciones al lugar donde la deshumanización se hizo industrial es un acto de responsabilidad civil. Esos jóvenes no solo vieron el horror; vieron que sus conciudadanos eran personas con sueños, vecinos de sus mismas calles, que terminaron en el infierno por defender la libertad. Un año después, el eco de aquel viaje debe seguir resonando en las aulas y en las plazas de Manises. Recordar a nuestros Hijos Predilectos es entender que la democracia es un edificio frágil que requiere mantenimiento diario.
García y Cases no son solo nombres en una lista de víctimas, son parte del ADN de Manises. Y nuestra obligación, como sociedad que hoy disfruta de los derechos por los que ellos perdieron la vida, es asegurar que el polvo de las escaleras y del camino de Mauthausen nunca termine de posarse sobre su recuerdo.
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