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Opinión | Tribuna

València

El Día Mundial de la Cruz Roja: una referencia ética en un mundo en tensión

La dana puso de manifiesto la capacidad de respuesta de la sociedad y la importancia de contar con estructuras preparadas para actuar con rapidez y eficacia. Pero, al mismo tiempo, evidenció la necesidad de abordar la vulnerabilidad de forma integral y sostenida en el tiempo

Un taller de Cruz Roja para combatir la soledad en personas mayores.

Un taller de Cruz Roja para combatir la soledad en personas mayores. / Levante-EMV

Cada 8 de mayo, con motivo del Día Mundial de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, no solo conmemoramos una fecha significativa, sino que reivindicamos la vigencia de unos principios que, en el actual contexto internacional, resultan más necesarios que nunca. En un mundo marcado por conflictos prolongados, una creciente polarización social y una progresiva erosión de los consensos básicos, la acción humanitaria se configura como un espacio de referencia ética y de compromiso con la dignidad humana.

El Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja basa su actuación en torno a siete principios fundamentales: humanidad, imparcialidad, neutralidad, independencia, voluntariado, unidad y universalidad. Estos principios no son meras declaraciones formales, sino criterios operativos que permiten intervenir en escenarios complejos, preservando siempre el respeto a las personas.

El principio de humanidad, que constituye el núcleo de todos los demás, nos recuerda que la acción debe orientarse a prevenir y aliviar el sufrimiento, proteger la vida y la salud, y salvaguardar la dignidad humana. En un entorno en el que la sobreexposición a imágenes de crisis puede conducir a la indiferencia, este principio introduce un elemento esencial: la necesidad de no despersonalizar el sufrimiento. Detrás de cada dato hay vidas concretas que requieren atención, respeto y protección.

En paralelo, los principios de imparcialidad y neutralidad adquieren una relevancia creciente en un contexto de polarización. La tendencia a simplificar la realidad en términos de bloques enfrentados dificulta el entendimiento y reduce los espacios de diálogo. Frente a esta dinámica, la Cruz Roja mantiene una posición clara: actuar exclusivamente en función de la necesidad, sin tomar partido y sin discriminación alguna. Esta forma de intervención, exigente y a menudo controvertida, es la que permite generar confianza y garantizar el acceso a las personas afectadas, incluso en los contextos más complejos.

La deriva internacional de los últimos años, caracterizada por la intensificación de conflictos, el debilitamiento de los marcos multilaterales y el cuestionamiento de normas básicas del Derecho Internacional Humanitario, refuerza aún más la importancia de estos principios. Cuando incluso las reglas mínimas destinadas a proteger a la población civil son puestas en entredicho, la acción humanitaria adquiere un valor no solo operativo, sino absolutamente necesario.

Desde esta perspectiva, las emergencias que vivimos en nuestro entorno cercano, como la reciente dana en la Comunitat Valenciana, deben entenderse también en un marco más amplio. Aquella situación puso de manifiesto la capacidad de respuesta de la sociedad y la importancia de contar con estructuras preparadas para actuar con rapidez y eficacia. Pero, al mismo tiempo, evidenció la necesidad de abordar la vulnerabilidad de forma integral y sostenida en el tiempo.

Las crisis, ya sean de origen natural, social o geopolítico, no afectan a todas las personas por igual. Mayores en situación de soledad, familias con dificultades económicas, personas migrantes o quienes carecen de redes de apoyo son especialmente vulnerables. Atender estas realidades requiere no solo intervención en la emergencia, sino también políticas y acciones orientadas a la prevención, la inclusión y la resiliencia.

En este contexto, la colaboración entre administraciones públicas, organizaciones sociales y el conjunto de la ciudadanía se convierte en un elemento clave. La Cruz Roja forma parte de ese entramado, aportando experiencia, capilaridad territorial y, sobre todo, una base social comprometida que constituye uno de sus principales activos.

El voluntariado es, en este sentido, una expresión especialmente valiosa. En un momento en el que el discurso público a menudo enfatiza la confrontación, miles de personas siguen apostando por la cooperación y la ayuda mutua. Su implicación demuestra que, más allá de las tensiones, existe una voluntad real de construir comunidad.

El Día Mundial de la Cruz Roja invita, por tanto, a una reflexión que trasciende a la propia organización. Hace que nos preguntemos como sociedad sobre el modelo de convivencia que queremos promover: uno basado en la confrontación o uno sustentado en el respeto, la cooperación y la centralidad de la persona.

Ante la complejidad del momento actual, los principios de la Cruz Roja no ofrecen soluciones simples, pero sí un marco sólido desde el que actuar. Son una guía que ha demostrado su validez tanto en escenarios internacionales de gran complejidad como en emergencias cercanas.

Reafirmarlos no es un ejercicio retórico. Es una necesidad para afrontar los desafíos presentes y futuros con coherencia, eficacia y humanidad. Porque, en última instancia, la verdadera fortaleza de una sociedad se mide por su capacidad de no dejar a nadie atrás.

Rafael Gandia es presidente Cruz Roja Comunitat Valenciana

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