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Opinión

València

Europa; De la cultura de la respuesta a la cultura de la preparación

La Asociación de Damnificados Horta Sud, Associació Víctimes de la Dana 29-O y la Asociación de Víctimas Mortales Dana 29-O en Bruselas.

La Asociación de Damnificados Horta Sud, Associació Víctimes de la Dana 29-O y la Asociación de Víctimas Mortales Dana 29-O en Bruselas. / EUROPA PRESS

Cuando se cumplen 40 años de la entrada de España en la UE, es buen momento para hacer balance de lo que ha supuesto para nuestro país, y de lo que queremos que hoy sea Europa en un tablero geopolítico global cada vez más complejo, que nos obliga a tomar decisiones valientes para preservar el proyecto de progreso más relevante del que hemos formado parte. La solidaridad y la respuesta compartida especialmente en momentos de crisis es una de las virtudes europeas. Trabajamos estas semanas en el Mecanismo Europeo de Protección Civil del que tengo el honor de ser ponente, un instrumento creado en 2001, para coordinar la respuesta a desastres - inundaciones, incendios, y terremotos, mediante la reserva estratégica rescEU y la movilización de capacidades nacionales que puedan ser útiles.  España lo activó con motivo de la dana, para combatir la ola de incendios del pasado verano y lo acaba de volver a convocar, por el brote de hantavirus, para apoyar la evacuación, y la repatriación de las personas a sus países de origen, cuando el barco atraque.

Experiencias como la pandemia han revelado tanto sus virtudes como sus limitaciones, y desde entonces hemos avanzado en las respuesta a las crisis vividas, desde las inundaciones, y los incendios, a los apagones, y la invasión de Ucrania.

La propuesta de reforma de este mecanismo, estará dotada con un presupuesto de 10.067 millones de euros para los próximos años, un aumento considerable de los fondos. Los recursos siempre son fundamentales, pero más importante aún es acertar con la orientación, y cambiar la filosofía que debe operar a nivel europeo: debemos pasar de una cultura de respuesta a una cultura de preparación y anticipación.

Una buena estrategia de preparación implica una visión integral basada en “abarcar todos los riesgos que enfrentamos como sociedad, a todos los niveles competenciales de gobierno, e involucrando a toda la población”.

Para ello es necesario una evaluación y planificación de riesgos permanente y transversal en todos los niveles competenciales, contando con el apoyo de expertos y en base a los conocimientos científicos. En este sentido, es necesario reforzar la adaptación al contexto de emergencia climática, a la frecuencia, la virulencia y la intensidad de las catástrofes que hoy vivimos, sequías, incendios, olas de calor, lluvias torrenciales e inundaciones, como la dana. Como hemos ya experimentado dolorosamente, nuestro país, es uno de los más afectados, por eso resulta especialmente negligente, que algunos grupos políticos sigan negando la emergencia climática, amparados por quienes lo permiten a cambio de poder.

Las amenazas que enfrentamos hoy son globales, por eso debemos cooperar con aquellos países con los que compartimos los mismos objetivos, y apoyar al Sur Global en la construcción de sistemas de vigilancia y alerta temprana, atacando los brotes epidémicos y evitando su transformación en pandemias, así como aprender de las estrategias de aquellos que tienen más experiencia enfrentándose a fenómenos meteorológicos extremos.

Cada territorio es diferente, por tanto debemos asegurar flexibilidad y adaptabilidad a cada contexto, según la exposición a los riesgos y las vulnerabilidades sociales, económicas, o geográficas. Es vital identificar las vulnerabilidades contando con los actores más pegados al territorio. El papel que deben jugar los actores y comunidades locales, es clave, nadie como ellos conoce el territorio.

Pero para que las estrategias de preparación realmente funcionen, es esencial que la población conozca los riesgos y los planes de gestión, es decir, que sepa qué hacer, cómo prepararse y cuándo debe responder. Para ello debemos integrar la preparación ante emergencias en la educación y en los planes municipales, con ejercicios periódicos de simulación que involucran a la población general.

Tal y como comprobamos dolorosamente durante la dana , los sistemas de alerta temprana a la población son esenciales. La información debe trasladarse a tiempo, de forma clara y fiable, luchando contra la desinformación que aprovecha los momentos de incertidumbre de las crisis para crear confusión. Y también debe ser inclusiva, prestando atención a los grupos más vulnerables

Finalmente, quiero destacar el papel de las víctimas y sus asociaciones, cuyos testimonios y experiencias deben ser recogidas en la elaboración de las futuras estrategias de preparación, y habilitar un estatuto de las víctimas que garantice el trato que merecen.

No hay nada más negligente que no estar a la altura cuando la sociedad más te necesita, ni nada más injustificable que no aprender de los errores, sobretodo cuando por ellos se ha pagado un precio tan alto. No se trata de adivinar cuándo nos enfrentaremos a la próxima crisis, si no si estaremos mejor preparados cuando llegue, y en consecuencia, a la altura que esta requiere.

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