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Opinión

Domènec Ruiz Devesa

Eurodiputado del PSPV y Presidente de la UEF

València

La Europa federal, más necesaria que nunca

La ciudadanía está cansada de documentos y comunicados sin resultados materiales que nos den seguridad y garantía de respuesta en materia de vivienda, bienestar, competitividad y seguridad. Por ello, hay que repensar los mecanismos de decisión

Bandera de la UE frente a la sede de la Comisión Europea.

Bandera de la UE frente a la sede de la Comisión Europea. / COMISIÓN EUROPEA / Europa Press

En el Día de Europa celebramos un proyecto de paz, convivencia, prosperidad y crecimiento como es la Unión Europea. Vivimos en un mundo global e interconectado, donde lo local necesita también una mirada global y de futuro para comprender los grandes desafíos de nuestro tiempo. En este contexto, la Unión Europea debe reforzar su papel como actor de paz y estabilidad ante conflictos como la guerra de Ucrania, la grave situación humanitaria en Gaza y las crecientes tensiones en Oriente Medio. Sin embargo, en los tiempos actuales se está demostrando que el proyecto europeo no está preparado para acometer los grandes desafíos de un mundo donde se cuestiona el multilateralismo y el libre comercio, y donde la seguridad y la defensa se están convirtiendo en la prioridad de las grandes potencias. En el Consejo Europeo hay temor a que Estados Unidos abandone su alianza tradicional, especialmente ante escenarios políticos inciertos. Ese miedo condiciona decisiones y evidencia una dependencia estratégica que Europa aún no ha sabido superar. Hoy tenemos dos grandes amenazas y desafíos por delante.

El primero es el de la seguridad. La incapacidad de garantizar nuestra defensa sin depender de terceros nos obliga a plantear una disyuntiva clara entre ser un rehén o tener una estrategia propia. Es necesario, como propone España, constituir un ejército europe, mediante las disposiciones sobre Defensa Común previstas en el Tratado de Lisboa. El segundo es que el mundo ya no es exclusivamente occidental. Nuevos bloques internacionales, como los que se articulan en torno a China, representan ya más de la mitad de la humanidad. La mayoría de la población mundial pertenece al Sur Global, no a Occidente.

Pero la mayoría de los 27 Estados miembros no ha querido asumir hasta ahora la responsabilidad de la autosuficiencia, ni aceptar riesgos sin la protección de terceros, también en lo que se refiere a la seguridad energética puesta de relieve por el cierre del Estrecho de Ormuz. La dificultad de poner de acuerdo a los 27 provoca una gran ineficacia e inoperatividad. La ciudadanía está cansada de documentos y comunicados sin resultados materiales que nos den seguridad y garantía de respuesta en materia de vivienda, bienestar, competitividad y seguridad. Por ello, hay que repensar los mecanismos de decisión. Abandonar la unanimidad, y si no, avanzar con aquellos que realmente quieran actuar se plantea como una vía pragmática, a la espera de poder abordar la reforma de los Tratados. Así se hizo con Schengen y el euro. Hemos de constituir una “Unión dentro de la Unión” en materia de política exterior y de defensa, un mercado interior más profundo, fiscalidad y de emisión de deuda común, a través de un conjunto homogéneo de cooperaciones reforzadas.

El federalismo aparece así no como una imposición, sino como una herramienta útil para hacer cosas comunes desde la diferencia, no desde la trinchera. Se trata de partir de la base de que algunos avancen, en lugar de que todos queden paralizados, y que esto sirva de efecto tracción para el resto. Existen tres peligros claros: el determinismo histórico —pensar que no se puede hacer nada—, el aumento de la desigualdad que fractura nuestras sociedades, y la parálisis provocada por el miedo. Europa no tiene derecho al error.

La respuesta pasa por avanzar hacia una España y una Unión Europea más federales, capaces de ofrecer soluciones comunes. El derecho internacional debe seguir siendo una herramienta clave y una garantía de cohesión social y territorial. La paz no puede ser solo un eslogan, sino la base de nuestro modelo de sociedad. Un modelo basado en la convivencia democrática, el diálogo, la diplomacia, la cooperación y el respeto a los derechos humanos.

Sin duda, es uno de los momentos más complicados para la UE y todas las generaciones europeas que hemos contribuido al éxito colectivo hemos de asumir nuestra responsabilidad. Es la hora de tomar partido por parte de todas las instituciones, asociaciones, empresas y sociedad civil en la construcción de la Europa de hoy, que será la mejor del mañana.

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