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Opinión | Traspapelado

València

El humo de Auster y la biblioteca

No sé si la literatura construye alguna realidad, pero a veces consuela. A veces. La vida siempre es a veces

Siri Hustvedt y Paul Auster.

Siri Hustvedt y Paul Auster. / Levante-EMV

Me persigue una foto desde hace unos días. Me apareció víctima (yo) del scroll infinito en la pantalla del móvil. Emerge ahora porque en estas fechas se han cumplido dos años de su muerte. Allí está, casi desafiante, con toda la arrogancia de la juventud, mirando a la cámara. Paul Auster. Inventando la soledad sin saberlo. Con su brazo encadena la pierna de Siri Hustvedt y ella se deja caer sobre él con la misma mirada, sin rastro de miedos ni de los golpes que vendrán: las adicciones de un hijo, la muerte de un hijo, la de una nieta de meses poco antes, el cáncer de pulmón devorador de todo. Smoke, smoke, smoke. Todo eso será muchos después, en un tiempo casi imposible. Ahora están los dos llenos de futuro, sentados en la escalera exterior típica de las casas tradicionales de Brooklyn. Quiero pensar que es la suya. Diría que es primavera, como ahora y en su hora, por el sol, la ropa y la vegetación. Diría que son felices.

La música del azar de Auster hace que justo en un momento en que estoy delante de la imagen salta un mensaje de Toni Sabater. La portada de Historias de fantasmas.

Què dur, però quina meravella. Acaba de publicarse. Es Siri Hustvedt, haciendo realidad el último deseo de Auster. Ser un fantasma. Ver algo de la vida que no verá. Cómo le va a ella, a su nieto Miles, destinatario de los últimos escritos de un Auster moribundo. “Estoy viva. Mi marido, Paul Auster, está muerto”. Así empieza. “He pasado mucho tiempo mirando al abismo”, decía él al final.

A veces la literatura te persigue. El sonido del azar. En las últimas semanas he encadenado Relíquia (Pol Guasch), La vida al final (Bernhard Schlink) e Historias de fantasmas. Todos con la muerte por delante, desde la primera línea. Hacía tiempo que los libros (no sé si son novelas o qué son) no me sentaban tan bien. Hacía tiempo que las letras no se me emborronaban bajo las lágrimas. No sé si la literatura construye alguna realidad, pero a veces consuela. A veces. La vida siempre es a veces. Es el único siempre que vale.

Solo porque alguien pueda encontrar a veces algo de eso ya sirve una biblioteca. Un transatlántico para ilusos y desesperados. Justo ahora anuncian una, a lo grande. Suena a primer anuncio electoral, más que a realidad. No voy a protestar, aunque quedan muchas dudas por aclarar: ¿sería una extensión de la biblioteca pública central de València, esa que malvive casi sin recursos y de la que el edificio de Hacienda está casi pegado? ¿Es un proyecto solo de la ciudad o en coordinación con la Generalitat y el Gobierno? ¿Estamos pensando en una biblioteca al uso o en el gran dinamizador cultural que, alrededor de los libros, hace tiempo que necesita esta ciudad? ¿Será solo una promesa más humo como el que se llevó los pulmones de Auster? Smoke.

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