Opinión | Ágora
Pedro Sánchez y el túnel del tiempo
El autor invita a un ejercicio de política ficción en el que un 11 de mayo de 2026 Pedro Sánchez anunció que agotaría la legislatura y que no se presentaría como candidato en las próximas elecciones. La decisión "tuvo el valor de fijar el inicio de una nueva etapa política en la vieja Europa"

El presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, en una rueda de prensa de la OTAN a 25 de junio de 2025, en La Haya, Países Bajos. / J.J. Guillén / EFE
Ayer, 8 de mayo de 2029, Pedro Sánchez Pérez Castejón tomó posesión de su nuevo cargo como secretario general de la OTAN.
En su discurso inaugural fijó el objetivo de su mandato en la estructuración de una fuerza militar europea. Un ejército potente, autosuficiente, comprometido con la paz mundial y valedor del respeto al derecho internacional en un marco de relaciones multilaterales.
De igual manera, y tras el desalojo de la Casa Blanca de Donald Trump, el nuevo secretario general situó en la prioridad de su agenda la redefinición, con la nueva administración demócrata, de la estructura de relaciones en el seno de la Alianza con los EE UU.
La designación de Pedro Sánchez como nuevo mandatario de la Alianza Atlántica despertó un amplio consenso debido al prestigio que rodeó su carrera política.
Líder de la socialdemocracia europea en tiempos de ascenso amenazante de la extrema derecha en la UE, se distinguió por haber abanderado la oposición al genocidio de Israel en Gaza y a la guerra de Irán, promoviendo una potente corriente pacifista internacional, lo que le valió la animadversión y la amenaza de represalias por parte de Trump y Netanyahu.
En política nacional, gestionó con gran éxito la pandemia del coronavirus, desplegó una comprometida política social desde un gabinete de coalición que reformó la legislación laboral en beneficio de los trabajadores. Mejoró el salario mínimo hasta niveles dignos, promovió el escudo social, revalorizó las pensiones. Afianzó y amplió los derechos sociales. Todo ello en la más ortodoxa práctica socialdemócrata que, además, hizo compatible con los mejores indicadores de crecimiento del PIB en Europa y los mayores porcentajes de creación de empleo.
La confirmación de su liderazgo político se gestó, no obstante, un lunes 11 de mayo de 2026.
En esa fecha, y en pleno ejercicio de la labor de gobierno, convocó una rueda de prensa masiva para una importante comunicación. Allí manifestó que, tal y como había venido anunciando persistentemente hasta entonces, agotaría la legislatura. Pero, sorpresivamente, informó de su decisión irrevocable de no presentarse como candidato a las siguientes elecciones. Comprometió un congreso extraordinario del PSOE para que éste decidiese sobre la nueva estructura de gobierno del partido y sobre la candidatura socialista a las próximas elecciones.
La situación de acusada polarización en la política española en aquellos momentos tenía en la figura del propio Sánchez, y en lo que se dio en llamar el “sanchismo”, su gran polo de referencia. En él se centraba la totalidad del discurso argumental de la oposición y él mismo imantaba el conjunto de la crispación social.
La decisión fue considerada por la prensa de derechas como una maniobra más de la factoría de la audacia propia de Pedro Sánchez. Un nuevo conejo sacado de la chistera de un político acostumbrado a moverse entre golpes de efecto. Más allá, se consideró un intento desesperado de gestionar su propia salida del poder, salida que se descontaba como inevitable al haber concentrado la oposición en su propia figura la totalidad de los males del país.
Sin embargo, los efectos fueron muy diferentes. La decisión descompuso radicalmente el discurso de la derecha exclusivamente basado en el político socialista. Aquel acto de generosidad movilizó a las clases populares. Actuó como un desfibrilador para el electorado de izquierdas hibernado en la abstención. Una autoinmolación personal para salvar su obra. Y su obra transformadora ganó unas elecciones que la demoscopia daba por perdidas. La izquierda resurgió. El PSOE, al reclamo de su llamada, recompuso su liderazgo concentrado hasta entonces en la potente personalidad de su secretario general. Su gesto de generosidad provocó una ola de renacimiento de la socialdemocracia en Europa y supuso un freno repentino del auge turbador de la extrema derecha. Tuvo el valor de fijar el inicio de una nueva etapa política en la vieja Europa.
Así fue en el tiempo.
Ese tiempo que nos enseñó Henri Bergson que no es una categoría física atrapada en el reloj. Un tiempo en libertad y transformador que sólo obedece a las leyes del cambio.
Sin embargo, cuando el tiempo vuelve a caer en las redes del calendario todo se desvanece. Uno vuelve a la rutina. Desaparece el juego y retorna la realidad. El presente. El triste presente de indicativo del verbo sobrellevar. Y reaparecen los efectos devastadores de la monotonía. La cotidianeidad. El ciclo repetitivo de la nada. Las tareas del día a día. El tedio de la normalidad. La agenda. La reunión del lunes con el director del periódico para revisar la índole de estas columnas que ustedes han tenido el valor de soportar.
Por cierto, el director me acaba de aplazar la reunión. Le ha surgido un viaje a Madrid. El presidente del gobierno, Pedro Sánchez, ha convocado en la Moncloa a los responsables de lo más granado de los medios del país. La convocatoria anuncia una importante comunicación del presidente para el lunes 11 de mayo.
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