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Opinión | Bolos

Director de Levante-EMV

La huelga que el Consell debe parar

La unidad sindical y el respaldo de las asociaciones de madres y padres refuerzan la protesta docente

Marcha de protesta de los docentes en València en el primer día de la huelga.

Marcha de protesta de los docentes en València en el primer día de la huelga. / JM López

Nunca es tarde para alcanzar un acuerdo. Mucho menos cuando está en juego la educación pública. Como era previsible por la unanimidad sindical, la primera jornada de huelga en las aulas ha sido un éxito. Solo parecía dudarlo la consellera Carmen Ortí.

Resulta difícil entender que al frente de una de las áreas esenciales del autogobierno valenciano haya un equipo tan alejado de los problemas que los docentes arrastran desde hace tiempo. La reivindicación no es únicamente salarial. También afecta a unas condiciones laborales deterioradas, a ratios razonables en las aulas y a colegios e institutos que deberían ofrecer espacios dignos, seguros y confortables.

Si alguien en el Consell confía en que la protesta acabará desgastando al sector, desconoce el valor de la unidad sindical, especialmente en la enseñanza. Y si además existe la tentación de pensar que la paciencia de las familias terminará inclinándose del lado del gobierno, conviene recordar que la huelga cuenta con el respaldo de las asociaciones de madres y padres, así como con la empatía hacia unos docentes con los que conviven a diario.

La salida pasa, por tanto, por rebajar la tensión generada por la falta de sintonía que Ortí ha mostrado desde el primer momento. Después, corresponde al Consell convocar una nueva reunión y cerrar un acuerdo. Es cierto que fueron los sindicatos quienes se levantaron de la mesa de negociación, pero precisamente por eso la mayor responsabilidad recae ahora en la Conselleria, que es quien debe garantizar el derecho a una educación digna de más de 800.000 familias de la Comunitat Valenciana.

El president Pérez Llorca necesita defender más que atacar. Para ello debería buscar entre su nutrido grupo de asesores a los perfiles más dialogantes y conocedores de la realidad educativa. Y, si no los encuentra —que es lo más probable—, tiene la vía sencilla de acudir a los veteranos sindicalistas del CSIF o de ANPE, que de paso podrían informarle del desgobierno instalado en Campanar desde la llegada de Ortí.

Hay momentos en los que la política debe ocuparse sobre todo de lo esencial.

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