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Opinión | Opinión

València

El Villarreal se asienta en Europa

Fernando Roig y Marcelino García Toral han partit palletes. Tras dos clasificaciones consecutivas para la Liga de Campeones y alcanzar otra vez uno de los puestos de privilegio del fútbol nacional, sus triunfadores se separan. Triunfó Marcelino en lo deportivo y lo hizo Roig en lo institucional

Marcelino y Fernando Roig, en la pretemporada del año pasado.

Marcelino y Fernando Roig, en la pretemporada del año pasado. / Pau Bellido

Fernando Roig y Marcelino García Toral han partit palletes. Tras dos clasificaciones consecutivas para la Liga de Campeones y alcanzar otra vez uno de los puestos de privilegio del fútbol nacional, sus triunfadores se separan. Triunfó Marcelino en lo deportivo y lo hizo Roig en lo institucional. Ambos deberían haber continuado juntos y no lo harán. Lo sentirán. El dirigente porque ha mantenido presencia importante en España y Europa y en lo puramente comercial por ser uno de los grandes empresarios de la cerámica nacional. El entrenador difícilmente podrá protagonizar una hoja de servicios tan apacible en otro club.

El Villarreal Club de Fútbol -el segundo más joven de Primera porque debutó con tal denominación en 1954 al heredar la plaza federativa del Club Atlético Foghetecaz, que había sido Campeón Regional de Aficionados en la final ganada al Torrente en Vallejo- es hoy el club más importante futbolísticamente de la Comunitat. Su estadio tiene ficha federativa desde 1923. El Club de Fútbol debutó el 12 de septiembre de 1954. Empató a dos tantos con el Acero, en el Port de Sagunt, en Primera Regional. Los goles fueron marcados por García Mulet, que había sido jugador del Levante.

Vila-real miraba a Europa mucho antes de que el fútbol pusiera a la ciudad en los círculos más populares. Por cuestiones históricas no es vano recordar los años en que la naranja era el único capital divisa que entraba en España. En las vias de la estación llegó a figurar una oficina de Aduana en la que se certificaban los vagones que estaban destinados a la frontera francesa. El fútbol llegó después.

Los nombres de los grandes exportadores como Los Meseguer, Benjamín Beltrán o Vicente Costa “Broseta” estaban presentes en el gran mercado de Les Halles. Allí, por cierto, trabajaba el villarrealense José Pérez, campeón de España de ciclismo, y condecorado por París por sus acciones dentro de la Resistencia. Aquellos hombres del gran negocio naranjero han sido sustituidos por el gran empresario de la cerámica Fernando Roig.

El futuro “groguet”, palabra que ha sido admitida como de conversación normal en los medios informativos nacionales, al igual que “granota” y “taronja” en baloncesto, son digamos valencianismos como antes lo fueron “orellut”, que permanece. Y “mangriñanear”, aunque esta palabra ha desaparecido de las voces como antaño se constataba un gran marcaje a un ídolo como Di Stéfano. Lo que ha permanecido, y ello tiene trasferencias en todo tipo de conversaciones o debates, es “la moral del Alcoyano”.

Desgraciadamente donde la moral es más auténtica es en Mestalla. No se puede ser más optimista que ser socios o abonado del club perdido en la intrascendencia salvo en la que se refiere a la incógnita del descenso.

Mientras el baloncesto tiene la batuta de Juan Roig, la del fútbol está en manos de Fernando Roig. Una familia que desde sus puestos de mando mira hacia Europa. Desde Mestalla se vislumbra miseria deportiva. Hasta un cantante madrileño, Dani Martín, se ha tenido que sumar a la voces del “vete ya” que son clamar en el desierto.

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